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El "Plan Maduro" para Venezuela: una copia del "Plan Real" de Brasil pero sin dólares para pagarlo

Víctor Ventura - 7:53 - 30/08/2018
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  • Brasil acabó con su hiperinflación liberalizando la economía en 1994

  • Maduro se ha quedado con solo una parte: crear dos monedas paralelas

  • Si el déficit de Venezuela continúa disparado, esto no servirá de nada

Maduro explica el cambio entre petros y bolívares. Foto: Reuters.

Los anuncios económicos del mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, dejaron atónitos a numerosos economistas y sumergieron al país en un caos económico aún mayor al registrado hasta entonces, si es que tal cosa era posible. Pero, sobre todo, levantaron una pregunta: ¿qué es, exactamente, el denominado "Plan Maduro"? La respuesta la tiene el 'gran invento' del presidente, el petro. Una moneda con la que quiere imitar a otra: el real brasileño, la pieza clave del plan que detuvo la hiperinflación de Brasil en 1994. Por desgracia, los paralelos entre ambos países acaban ahí.

Fin al 'petro convertible'

En un principio, el petro, una criptomoneda al estilo del bitcoin, iba a ser una forma de emitir bonos de deuda pública. Era la única vía que quedaba fuera de las graves restricciones que sufre Venezuela por su default de más de 6,100 millones de dólares -y creciendo- y las sanciones impuestas por Estados Unidos, que le impiden emitir nueva deuda denominada en dólares. Pero el petro fracasó estrepitosamente -no se ha vendido uno solo todavía- y Maduro decidió cambiar sus planes sobre la marcha. La criptomoneda pasaría a ser una moneda de uso corriente, paralela al 'destrozado' bolívar.

Tras conocerse que Venezuela tendría dos monedas, la primera referencia fue Cuba, aliado internacional del país y referente político de Maduro y Hugo Chávez. Allí, circulan dos monedas: el peso cubano, usado comúnmente por los ciudadanos, y el peso convertible, que equivale a un dólar y sirve principalmente a turistas e importadores. Este mecanismo permite mantener dos sistemas de precios distintos y regular el acceso a ciertos bienes, que solo se pueden pagar en convertibles.

Las primeras declaraciones y el libro blanco del petro hacían sospechar que este sería el camino tomado por Maduro. Así, el mandatario indicó que los venezolanos no podrían adquirir petros normalmente, sino que solo podrían comprarse con divisas, y que obligaría a las empresas turísticas a cobrar a los extranjeros en petros, como hace Cuba con los pesos convertibles.

Sin embargo, los movimientos posteriores del Gobierno venezolano dejan clara su nueva intención, que es la que pedían economistas internacionales: copiar el "Plan Real" que estabilizó la economía brasileña en 1994. Solo que sin las divisas ni el apoyo internacional que permitieron que el plan de Fernando Henrique Cardoso detuviera su crisis inflacionaria con éxito.

¿Hola al 'Real venezolano'?

Fernando Henrique Cardoso celebra el aniversario del Plan Real en 2001. Foto: Reuters

En 1993, la inflación brasileña alcanzó el 2,477%. Para frenar la crisis, el ministro de Economía -y futuro presidente- Fernando Henrique Cardoso presentó el "Plan Real" para estabilizar el país. Primero, privatizó empresas públicas y levantó las barreras comerciales y cambiarias para reducir el déficit público y recomponer las reservas internacionales. A continuación, el movimiento que pasó a la historia de los manuales de economía: creó una nueva moneda -la "Unidad de Valor Real"-, equivalente a un dólar, que fijaría los salarios, precios y tarifas, y que se traduciría a cruzeiros -la moneda en circulación- en base al tipo de cambio diario con la divisa estadounidense.

La clave era la siguiente: mientras los precios en cruzeiros se disparaban cada día, los precios "reales" se mantenían fijos. Así, en 1994, cuando el Gobierno anunció que el Real pasaría a ser la moneda en circulación, los ciudadanos ya se habían acostumbrado a ella, y el ciclo de la desconfianza se había cortado.

Una mirada a los planes de Maduro descubre muchas similitudes entre ambos planes

Y para evitar volver a la hiperinflación, el Gobierno se comprometió a emitir dinero solo si estaba respaldado por dólares en las reservas del Banco Central. De esta forma, se obligaba a equilibrar las cuentas lo más posible y pagar el déficit restante con deuda pública -renegociada en el 'Plan Brady' con sus acreedores internacionales- en vez de con la emisión indiscriminada de billetes, la principal causa de las hiperinflaciones. Fue todo un éxito.

Una mirada a la estrategia de Maduro descubre muchas similitudes entre ambos planes. Así, el petro es una moneda fantasma, como el URV, fijada al dólar -en este caso, Maduro decidió que un petro equivaldría a 60 dólares- y en el que deben expresarse los precios, salarios y cuentas corrientes, según un decreto del Gobierno hecho público el martes. Su equivalencia con la moneda circulante, el bolívar, se decidirá en base al tipo de cambio entre este y el dólar, de tal forma que los precios en petros se mantengan estables mientras el bolívar sigue sufriendo su hiperinflación.

Además, el Gobierno anunció una subida de impuestos y del precio de la gasolina, por donde perdía miles de millones de dólares al año, y se comprometió a lograr "déficit cero" para no emitir más "dinero inorgánico". Todo sacado directamente del "Plan Real". Hasta ahí, por lo menos.

'Plan Irreal'

El problema es que los puntos que Maduro ha pasado por alto son suficientes para descarrilar el proyecto por completo. Para empezar, Maduro no se ha planteado privatizar ni una sola de las más de 500 empresas públicas que le cuestan al Estado más de 300 millones de dólares en pérdidas cada año. Tampoco ha levantado ninguna de las barreras comerciales existentes, y aunque ha levantado la prohibición expresa de cambiar divisas, mantiene numerosas restricciones que hacen poco probable que llegue una súbita inyección de divisas. Especialmente con la experiencia reciente de empresas como Kellogg's o General Motors, obligadas a huir del país. La única vía de entrada de divisas que tiene Maduro es el petróleo, y necesitaría que rondara los 100 dólares por barril para cubrir su nivel de gasto actual, no los 70 actuales.

Por otro lado, el Gobierno se comprometió a sufragar la subida de salarios mínimos de todos los trabajadores del país con dinero público durante tres meses, aparte de darles un bono extraordinario a los más de 10 millones de personas que tienen el "Carné de la Patria" que da el PSUV para tener controlados a los ciudadanos. Por mucho que recorte gastos de otros lados, difícilmente estas medidas ayudarán a reducir un déficit de más del 15% del PIB a cero.

Al final, todos estos errores pesan mucho más que los aciertos, y son suficientes para hacer descarrilar el proyecto

Además, Venezuela está en default y la prometida renegociación de su deuda pública impagada no ha llegado a ninguna parte, con lo que no podrá contar con los bonistas internacionales para cubrir el resto de su déficit fiscal. Por supuesto, de pedir financiación a Estados Unidos o el FMI, mejor ni hablar.

Y por si fuera poco, el tipo de cambio oficial se está quedando rezagado de nuevo: cuando anunció su paquete de medidas, el 17 de julio, llevó el tipo oficial al nivel que se negociaba en el mercado de divisas negro, de 60 bolívares nuevos por dólar. Desde entonces, el tipo de cambio se ha disparado a 108 bolívares, mientras que el Banco Central de Venezuela (BCV) apenas ha subido el oficial a 60.89. Es decir, que los precios "reales" -en petros- estarían subiendo, porque los precios en bolívares crecen más que el tipo de cambio. Justo lo que no debía ocurrir.

Al final, todos estos errores pesan mucho más que los aciertos, y son suficientes para hacer descarrilar el proyecto por completo. Además, las brutales subidas de gastos a las empresas, por las fuertes subidas de salarios, no hacen más que lanzar más leña al fuego de la hiperinflación, empeorando aún más la situación. Lo peor que puede ocurrir es que, en poco tiempo, cuando Maduro intente reemplazar el bolívar por el petro como moneda circulante, se vea obligado a emitir millones y millones de petros más, volviendo al punto de partida. O quizá el petro desaparezca sigilosamente en cuestión de meses y, de nuevo, solo quede el bolívar hiperinflacionario.


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