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Los océanos, otro vertedero más

Marta González - 9:37 - 25/08/2018
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  • Cada minuto se arroja al mar el equivalente al contenido de un camión de basura

Foto: Reuters.

Muchas son las preguntas que parecen atormentar a los seres humanos ¿De dónde venimos?, ¿A dónde vamos? ¿Quiénes somos? y como diría Woody Allen, ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo? La única pregunta que no parece atormentar la sociedad de hoy en día es ¿Qué sucede con los residuos plásticos después de usarlos y tirarlos a la basura? Aparentemente, la relación contractual con el cuidado del medio ambiente acaba en el momento en que se depositan los plásticos en el contenedor correspondiente, a partir de ese momento el problema es de otro. Desde que se empezó a producir este material a escala industrial en los años 50, la responsabilidad ha ido pasando de mano en mano hasta acabar, como siempre, en tierra de nadie. Lo único que esa tierra de nadie son los océanos y mares de todos.

Según un informe de Greenpeace, en la actualidad hay alrededor de 8 millones de toneladas de plástico flotando en los océanos, el equivalente a arrojar el contenido de un camión de basura por minuto. La ingente cantidad de contaminación plástica en los océanos ha dado lugar a cinco grandes islas de plástico: una en el Océano Índico, dos en el Océano Atlántico y otras dos en el Océano Pacífico; una de ellas, ubicada entre Hawai y California, es conocida como la Great Pacific Garbage Patch y tiene una superficie similar a México.

Ningún ser vivo está a salvo

Se estima que cada año, más de un millón de aves y más de 100,000 mamíferos marinos mueren como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar. Además, favorecen al Cambio Climático pues está demostrado que los plásticos expuestos al sol liberan gases de efecto invernadero, como el etileno. Incluso afecta a los seres humanos, aunque no sean realmente conscientes de ello.

Los residuos plásticos que acaban en los océanos necesitan mucho más tiempo para biodegradarse que aquellos que se encuentran en tierra. Un ejemplo de ello son las bolsas de plástico, mientras que en tierra requieren 150 años para desaparecer, en los océanos deben pasar más de 400 años. La cuestión es que durante ese proceso, se descomponen lentamente en microplásticos de menos de cinco milímetros de diámetro o de longitud, que son ingeridos por peces y moluscos al confundirlos con alimento. Y es a través de la cadena alimentaria como estos microplásticos llegan hasta los seres humanos, es decir, se alimentan de su propia basura.

Reciben lo que dan

Esta situación es insostenible y, por ello, el planeta ha decidido poner fin a la relación unidireccional impuesta por sus habitantes. Desde hace años, el planeta está intentando luchar contra la acción sin control del hombre, ya sea con olas de calor como las vividas en Canadá o México este año, las recientes inundaciones en India o huracanes como el Irma o el María, que arrasaron las costas del Caribe en 2017. Además, como en toda ruptura, el planeta le está devolviendo a los seres humanos todo lo que algún día le dieron, ola tras ola.

En el mes de julio, las hermosas playas de la República Dominica se cubrieron con toneladas de residuos plásticos procedentes del Mar Caribe. Durante la limpieza de las playas, se recolectaron más de 60 toneladas de basura, botellas de plástico y contenedores unicel en su mayoría, según Parley for the Oceans. Y no es un fenómeno aislado. Hace unas semanas, el tifón Karding azotó el suroeste de Filipinas y trajo consigo no solo fuertes lluvias sino también oleadas de basura que inundaron la bahía de Manila. En ambos casos, cientos de voluntarios salieron de sus casas para limpiar la basura de todos y de la que nadie se hace responsable.

Las cosas tienen que cambiar

Los océanos no tienen la capacidad de revertir las consecuencias de la acción humana y es por ello que ha llegado el momento de que cambiar las cosas. Los gobiernos, las grandes empresas y los ciudadanos deben comprender que es necesario abandonar el pensamiento lineal y comenzar a pensar de forma integral. "Lo cierto es que el reciclaje no es ni será una solución, menos del 10% de los plásticos producidos desde 1950 se han reciclado, pero es el discurso predominante porque exime a las grandes empresas de toda responsabilidad y recae en última instancia en el ciudadano" señala Miguel Rivas, Coordinador de la campaña de Océanos de Greenpeace México. "Lo que tenemos que hacer es comenzar a reducir" añadió.

Hasta ahora, los gobiernos han dejado libertad total a las empresas para usar los recursos finitos del planeta y han demostrado que el libre mercado es incompatible con el respeto del medio ambiente. Por ello, más que nunca, son necesarias administraciones que tomen la iniciativa y creen leyes que marquen los límites dentro de los cuales pueden actuar las grandes empresas. Eso es lo que espera el coordinador de Greenpeace del nuevo gobierno de López Obrador en México, "la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos debe cambiar y ojalá pudiéramos tener una ley de envases que hiciera extensible la responsabilidad hacia los productores para que deje de estar en los municipios y en los ciudadanos". Además, "exigimos transparencia por parte de las empresas. Los ciudadanos tenemos derecho a saber la cantidad de contaminación plástica que producen nuestras compañías".

Otro aspecto clave es el cambio de mentalidad. Las empresas han creado mitos alrededor de los plásticos, falsos mitos sobre higiene y seguridad ante enfermedades infectocontagiosas que al final se han convertido en meros adornos para ofrecer una mejor presentación de los productos, como es el caso de los envoltorios de las frutas y verduras en los supermercados. "La cultura del usar y tirar y es lo que nos ha llevado a esta situación. Es lo que nosotros creemos que tiene que ser replanteado, podemos consumir de manera diferente pero eso no lo vamos a poder hacer sí las empresas no nos entregan opciones de, por ejemplo, ir y rellenar nuestros propios envases, o canjearlos por otros como ocurría antiguamente, es decir, tenemos que reimplantar el modelo. No va a pasar nada si no cambiamos nada de esto en el corto plazo".

La sociedad lleva décadas alimentando su necesidad constante de consumir, para obtener una satisfacción inmediata y efímera, a costa de los recursos naturales del planeta y demostrando así una total falta de empatía. Ya solo queda apelar a su faceta más primitiva, el egoísmo. Que se olviden del planeta, que se olviden de los océanos, incluso que se olviden de las generaciones futuras y simplemente se hagan esta pregunta: ¿Me merezco vivir rodeado de basura?


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