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Pedro Sánchez, el madrileño que no conseguía ser diputado y acabó como presidente de España

Víctor Ventura - 9:50 - 1/06/2018
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  • Sánchez apenas ha sido diputado cinco años, pese a llevar 10 en lo alto

  • Se presentó a líder del partido para asegurarse una banca en 2015

  • Tras ser destituido en 2016, su carrera vivió una inesperada resurrección

Pedro Sánchez, en el debate de censura contra Rajoy. Foto: Reuters.

En la noche del 1 de octubre de 2016, Pedro Sánchez anunciaba su dimisión como líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), después de perder una votación en el comité de dirección de su partido, por 132 votos a 107. Poco después, también renunciaba a su escaño en el Congreso para no tener que obedecer la orden de la nueva dirección interina de su partido de permitir que Mariano Rajoy ganara la votación para continuar como presidente de España. Exactamente 20 meses después, este 1 de junio de 2018, Sánchez sucedía a Rajoy en la presidencia tras ganar una moción de censura en contra del anterior Gobierno. El triunfo del madrileño, digno de una película, es la historia de todo un luchador político que, en su empeño por ser diputado, acabó siendo presidente.

Rajoy es conocido como "el gran superviviente" por haberse mantenido en primera línea tras todo tipo de reveses: perder dos elecciones contra pronóstico, aguantar una rebelión interna, mantenerse al frente tras la gran crisis política iniciada en España en 2014 e incluso salir reelegido tras dos elecciones en 2015 y 2016 en las que terminó como primera fuerza, pero muy lejos de la mayoría. Pero la aventura de Sánchez es aún más increíble: primer presidente electo sin ganar unas elecciones y sin siquiera ser diputado. De hecho, si hay algo que Sánchez ha aprendido a hacer es tener influencia sin ser legislador.

De Madrid al cielo

Sánchez empezó su carrera política en 2003 como candidato del PSOE a concejal del Ayuntamiento de Madrid -los concejales son miembros electos de los 'parlamentos' municipales que eligen a los alcaldes y gestionan los asuntos de la ciudad-. No salió elegido -iba el número 23 y el PSOE obtuvo 21 bancas-, y además perdieron esas elecciones municipales ante el Partido Popular (PP), pero la victoria de su partido en las elecciones generales del año siguiente le hizo hueco. Un concejal del partido socialista pasó a responsabilidades de gobierno nacional, otra concejal más renunció a su banca, y Sánchez ocupó al fin el último asiento de su partido.

Pese a ser el último en llegar, Sánchez se hizo conocido por la futura ministra (secretaria) de Exteriores y Sanidad, Trinidad Jiménez, entonces líder de la oposición en la ciudad de Madrid, que le dio responsabilidades en su grupo y le recomendó para ir en las listas a diputado nacional en 2008. Sánchez fue el número 21 por Madrid pero, una vez más, se quedó corto: su partido solo obtuvo 15 actas por lo que abandonó la política y se dedicó a la universidad, como profesor de Economía. Hasta que la suerte le sonrió de nuevo y una serie de dimisiones y nombramientos para el Gobierno le dejó seis sitios libres en Madrid. En septiembre de 2009, Sánchez se convirtió en diputado, y fue elegido "revelación del año" por los periodistas parlamentarios, que ya le veían futuro.

En 2011, hubo nuevas elecciones generales, y la suerte le volvió a ser esquiva. Pese a ser ascendido al número 11 en las listas, el PSOE vio reducido su contingente de diputados madrileños a 10, por lo que se volvió a quedar sin banca y regresó a la universidad, donde realizó una tesis doctoral. Una vez más volvió a entrar en el Congreso de rebote en 2013, y esta vez se fijó un objetivo: obtener un escaño de diputado en las siguientes elecciones a la primera. ¿La solución? Presentarse a líder del partido socialista.

Del triunfo a la derrota

Eduardo Madina (D) y Pedro Sánchez (I), en las primarias que le convirtieron en líder del PSOE. Foto: Reuters

Precisamente en 2014, las puertas se le abrieron. La irrupción del partido izquierdista Podemos en las elecciones al Parlamento Europeo, en las que el PSOE obtuvo su peor resultado electoral en casi un siglo, provocó la dimisión de la directiva del partido y la convocatoria de primarias. El favorito, apoyado entonces por la Ejecutiva saliente, era Eduardo Madina, un joven diputado vasco que había sido víctima de la banda terrorista ETA. Sánchez se presentó como candidato alternativo, con el apoyo de numerosas agrupaciones locales del partido, que se había pasado visitando durante meses.

Entonces, por una vez, la suerte le sonrió. La única persona capaz de enfrentar a la maquinaria electoral de la dirección madrileña del partido era la líder de Andalucía, la región de España en la que el PSOE tiene más apoyo -ha gobernado allí ininterrumpidamente desde 1982-. Susana Díaz 'adoptó' a Pedro Sánchez y le prometió su apoyo a cambio de lealtad, lo que fue suficiente para llevarle al liderazgo del partido nacional contra todo pronóstico con un 49% de los votos.

Sin embargo, su etapa como líder del PSOE fue enormemente compleja. Ante la emergencia de Podemos y su equivalente de centro-derecha, Ciudadanos, los socialistas obtuvieron un nuevo peor resultado histórico en diciembre de 2015, con apenas 90 diputados de 350 -esta vez, al menos, Sánchez sí obtuvo su banca, como número uno por Madrid-. La caída del Partido Popular de Rajoy, que perdió su mayoría absoluta en el Congreso, le llevaron a intentar convertirse en presidente. Pero las presiones de los líderes regionales de su partido, y especialmente de Díaz, le pusieron normas muy estrictas: no podía pactar ni con Podemos, ni con los nacionalistas e independentistas regionales.

Su plan consistió en llegar a un acuerdo centrista con Ciudadanos, que le garantizaba 130 escaños, muy lejos de los 176 que necesitaba. Se limitó a pedirle a Pablo Iglesias, líder de Podemos, que le diera su voto para echar a Rajoy. Iglesias se negó, argumentando que el acuerdo que había firmado con Ciudadanos le escoraba demasiado hacia la derecha, y Sánchez fue derrotado dos veces. Ante la falta de Gobierno, se convocaron unas nuevas elecciones -junio 2016-, a las que Sánchez acudió con una gran promesa: no permitir la investidura de Rajoy. "No es no", fue su eslogan de campaña. Pero la suerte siguió sin acompañarle: perdió cinco diputados más, hasta quedarse en 85. Las cuentas eran mucho más difíciles.

De la muerte a la resurrección

Pedro Sánchez abandona la sede del PSOE tars ser destituido en 2016. Foto: Reuters

Entonces llegaron los meses que le hicieron pasar a la historia de la política española. Los dirigentes de su partido, encabezados por Díaz, que se había cansado de él, decidieron que lo mejor era dejar gobernar a Rajoy. Sánchez fue destituido el 1 de octubre de 2016 en una votación que duró 10 horas y que terminó entre gritos, lágrimas e insultos, y fuertes protestas entre los miembros del partido que observaban la situación desde la calle. Antes que acatar la orden de abstenerse y permitir que Rajoy formara Gobierno, Sánchez decidió abandonar su preciada banca de diputado. Pero prometió que volvería y anunció que se dedicaría a lo que había hecho dos años antes: recorrerse el país visitando a las bases del partido.

Para evitar un nuevo 'susto', Díaz dio un paso adelante y se presentó a las primarias de mayo de 2017. La dirección del partido confiaba en que el molesto exlíder desapareciera de la memoria de los miembros de partido en los 7 meses desde su destitución. Pero en la primera vuelta de las primarias -en los que los militantes votaban en público, con nombre y apellidos- Sánchez obtuvo, para sopresa de todos, un 43% de los apoyos, frente al 48.2% de Díaz, que contaba con arrasar gracias al apoyo de la maquinaria electoral del partido. Dos semanas después, en la segunda vuelta, ya con voto secreto, sus apoyos saltaron al 50.26% y dejó en evidencia a Díaz, que obtuvo menos votos secretos que públicos -apenas un 39.9%-.

Una vez 'resucitado' políticamente, Sánchez se enfrentaba a un enorme reto: dirigir la oposición a Rajoy sin tener escaño en el Congreso, esa maldición que le acompañaba a lo largo de su carrera. Pero, por suerte para él, la Constitución española le daba una oportunidad: en ningún sitio especificaba que el presidente, elegido por el Congreso, tuviera que ser uno de sus miembros. La ocasión le llegó por la sentencia por corrupción contra el PP de Rajoy. Y en menos de una semana, el hombre que no conseguía un escaño de diputado, obtuvo por fin un asiento en la Cámara: el de presidente.


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