Maduro, listo para ganar una parodia electoral en una Venezuela en descomposición

Víctor Ventura - 6:08 - 19/05/2018
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  • Las encuestas predicen una derrota de Maduro frente a Falcón

  • La manipulación del sistema electoral crea dudas sobre la legitimidad del resultado

  • Aunque Maduro se vaya, nada garantiza que termine el 'chavismo'

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela Imagen: Reuters

Este domingo, seis meses antes de la fecha en la que Venezuela solía celebrar sus elecciones, los habitantes del sufrido país caribeño irán a las urnas a elegir su nuevo presidente. O al menos unos cuantos, porque la oposición, a la que Nicolás Maduro no ha permitido presentarse, defiende la abstención.

Y tampoco hay garantías de que el resultado sea fiable, ya que no habrá ninguna misión de observación electoral independiente y los candidatos que lucharán contra Maduro están lejos de tener testigos en todos los centros electorales. Pero lo que está claro es que, tras la 'parodia electoral', la crisis venezolana entrará en un nuevo estadio.

¿Quiénes son los candidatos?

Los candidatos que se presentan son cuatro: el actual presidente Maduro, cuyo nombre aparecerá 10 veces en la boleta; el exchavista y exopositor Henrí Falcón, que se presentó en contra del criterio de la alianza opositora MUD, por lo que fue expulsado de ella; el popular pastor evangélico Javier Bertucci; y un disidente chavista casi desconocido, Reinaldo Quijada.

La mayoría de las encuestas celebradas en las últimas dos semanas muestran a Falcón por delante, con ventajas de más de 10 puntos sobre Maduro, y de 15 a 20 puntos sobre Bertucci, que se ha disparado desde la irrelevancia en la que partía y ahora se encuentra más cerca de Maduro que este de Falcón.

¿Cuáles son sus programas?

Lo más fascinante de todo es que, pese a estar en medio de una terrible crisis económica y social, los planes de futuro han brillado por su ausencia. Maduro ha prometido "acabar con la guerra económica", a la que culpa de los problemas económicos que sufrieron él y su predecesor, Hugo Chávez. Asegura que, una vez reelegido, "bajarán los precios", porque empezará a aplicar "de verdad" las leyes que fijan los costes máximos de los productos, vigentes desde hace más de una década, y que han sido una de las causas de la enorme escasez de bienes. Por si no fuera suficiente, promete "un regalo económico" a los votantes.

Por su parte, sus dos rivales reales prometen dolarizar la economía -lo que es inconstitucional, aunque eso nunca ha detenido a Maduro-. Falcón además promete subir el salario mínimo a 75 dólares mensuales para los obreros y a 200 para los profesionales, y Bertucci dice que lo subirá a 300. Lo que los tres están de acuerdo es en la necesidad de abrir un "diálogo nacional" después de los comicios, aunque nadie sabe muy bién a qué se refieren.

¿Dónde está la oposición?

La MUD poco menos que ha desaparecido. La marca electoral de la alianza fue ilegalizada por orden del Tribunal Supremo chavista, que ordenó que sus partidos miembro se presentaran por separado. Y Maduro se aseguró que ninguno de sus principales líderes pudiera presentarse. Henrique Capriles, su rival en 2012, fue inhabilitado por el Gobierno por un supuesto error administrativo. Leopoldo López sigue en la cárcel y su partido fue ilegalizado por orden del oficialismo. Su 'número dos', Freddy Guevara, tuvo que huir a la embajada chilena después de que el Gobierno ordenara su arresto.

Las pocas figuras restantes, como los últimos dos presidentes de la Asamblea Nacional, Julio Borges y Henry Ramos Allup, intentaron negociar con Maduro condiciones justas para la celebración de elecciones. Pero los representantes del Gobierno chavista se negaron a otorgar las garantías que le reclamaron en los diálogos celebrados en Santo Domingo, y, en respuesta, la MUD anunció que pediría la abstención en las elecciones. Lo que, por cierto, también es ilegal, según anunció el partido de Maduro a continuación.

¿Qué opciones tienen cada uno?

El mayor problema de Maduro es su enorme impopularidad: su aprobación ronda el 20% desde hace años, y las opiniones sobre el presidente están completamente solidificadas. Además, el PSUV perdió las últimas elecciones celebradas a nivel nacional con algún tipo de garantías (las legislativas de 2015) y la situación del país no ha mejorado lo más mínimo desde entonces, sino todo lo contrario.

A cambio, tres cosas juegan a su favor: el llamado a la abstención de la MUD, que dañará a sus rivales; la implacable maquinaria electoral diseñada por Maduro y su partido, el PSUV, para movilizar a millones de personas que dependen de su voto para recibir comida subsidiada del Gobierno; y la posibilidad -muy probable- de que Bertucci y Falcón se roben votos entre sí, con lo que Maduro podría ganar con poco más de un tercio del electorado.

Pero, ¿es posible que pierda Maduro? ¿De verdad?

En realidad, la confianza en el sistema electoral es casi inexistente. En junio del año pasado, el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por Maduro, falsificó "al menos un millón de votos" en las elecciones -inconstitucionales- a la llamada Asamblea Constituyente, un órgano todopoderoso con el que Maduro ejerce un control absoluto sobre todos los poderes del país. La propia compañía que controlaba las máquinas electorales, Smartmatic, denunció dicha falsificación masiva de votos, y la única respuesta del Gobierno fue romper el contrato con ella.

Más adelante, en octubre, en las elecciones a gobernadores, en el estado Bolívar, la MUD denunció que el CNE había manipulado actas de conteo en numerosas urnas, mostrando las recogidas por sus propios testigos y comparándolas por las declaradas como "oficiales" por el Gobierno. En algunas de ellas, el CNE otorgaba 300 votos más al candidato oficialista de los que aparecían en el documento original. El resultado fue dar al chavismo la victoria en el estado más poblado del país. Nadie hizo nada.

Así que el problema ya no es solo que el chavismo tenga una red clientelar capaz de movilizar a miles de personas para que vayan a votar con la promesa de comida subvencionada. Es que incluso aunque esas personas votaran a la oposición, Maduro ya ha demostrado ser capaz de falsificar los resultados para ayudar a su partido a ganar dos veces. ¿Qué podría impedirle hacerlo una tercera?

Si pese a todo pierde Maduro, ¿se irá?

En el improbable -pero no imposible, si el resultado se parece lo más mínimo a las encuestas- caso de que Maduro pierda, la situación sería muy extraña. Para empezar, el relevo presidencial se produciría en diciembre, fecha tradicional de las elecciones presidenciales que Maduro ha decidido adelantar. Por lo tanto, habría seis meses de 'bicefalia presidencial', una situación bastante anómala y que daría un amplio margen de maniobra al chavismo.

Por otro lado, aun sin Maduro, el chavismo sigue teniendo el poder absoluto sobre el país a través de la Asamblea Constituyente, liderada por el 'número dos' del chavismo, Diosdado Cabello, y la mujer de Maduro, Cilia Flores. Su poder está por encima de la Constitución y de cualquier ley o institución, incluidos los propios ciudadanos. Es decir, que podría decidir destituir al presidente electo antes siquiera de que tome juramento, y nombrar a Maduro presidente de nuevo (o a cualquier otra persona que les apetezca).

Por supuesto, es posible que permitieran que el vencedor tome poesión, para a continuación retirarle poderes, que se darían a si mismos, y obligarle a obedecer al chavismo para poder gobernar. El plan de Falcón es negociar con ellos para garantizarles una salida segura del país, a cambio de que acepten renunciar a sus poderes. Pero no hay ninguna garantía de que vaya a ocurrir.

¿Qué opina la comunidad internacional?

La mayoría de los países latinoamericanos, dentro del llamado "Grupo de Lima", han anunciado que no reconocerán los resultados electorales y han pedido repetidamente a Maduro -la última vez, este viernes- que suspenda la celebración de los comicios. La UE y Estados Unidos también han anunciado que dejarán de reconocer a Maduro como presidente legítimo después de esta votación, aunque gane.

Lo que sí parece claro es que seguirán manteniendo relaciones con su Gobierno, aunque lo consideren de facto. La incógnita es si Estados Unidos ampliará sus sanciones contra el régimen después de las elecciones, y si la UE empezará a imponerlas.

De cualquier forma, parece poco probable que estas elecciones ayuden a poner fin a la terrible crisis económica y social que padecen los venezolanos desde hace años. De cómo respondan tanto los actores políticos venezolanos como los países extranjeros a este resultado dependerá si hay un fin más o menos próximo a su sufrimiento.


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