Los demócratas arrasan por todo el país y encienden las alarmas entre los republicanos

Víctor Ventura - 10:57 - 8/11/2017
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  • El hundimiento entre las clases medias de Virginia es un grave problema

  • Los candidatos que se acercaron a Trump caen derrotados

Como cita electoral, la del 7 de noviembre de 2017 no era, ni de lejos, tan importante como las presidenciales de 2016 o como lo serán las legislativas de 2018. Pero había una retahíla de cargos importantes en juego, muchos de ellos en estados que muestran el pulso nacional. Y allá donde se mirara, desde New Hampshire, en la costa este, hasta el estado de Washington, en la otra punta del país, los demócratas no pararon de registrar victorias, muchas de ellas aplastantes y algunas históricas, en territorios hostiles hasta entonces. La "resistencia" a Donald Trump mostró su fortaleza en las urnas ante candidatos decididos a imitar al magnate.

La jornada se presentaba, de entrada, como una prueba de fuego para el 'efecto Trump' de ambos bandos. ¿Podría el magnate movilizar a sus votantes incluso cuando no se jugaba nada? ¿O sufrirían los republicanos el rechazo al presidente más impopular de la historia moderna a estas alturas? Todas las miradas estaban puestas en el estado 'veleta' de Virginia, que ponía en juego la gobernación y el parlamento estatal. El republicano Ed Gillespie, un candidato moderado del 'establishment' y expresidente del partido, había decidido disfrazarse de Trump y hacer campaña defendiendo las estatuas de los líderes racistas que lucharon contra Estados Unidos en la Guerra de Secesión y acusando a su rival de apoyar a la Mara Salvatrucha salvadoreña.

El resultado fue catastrófico para los republicanos que estuvieran pensando en hacer lo mismo. El demócrata Ralph Northam ganó por casi 9 puntos de diferencia, la mayor ventaja para un candidato demócrata en tres décadas. Gillespie repitió el apoyo que Trump había cosechado en las zonas rurales, pero se hundió en las ciudades, donde obtuvo muchos menos votos que el magnate el año anterior. La participación batió récords en las zonas demócratas, y los blancos urbanos con estudios universitarios aceleraron su marcha de un Partido Republicano que ya no piensa en ellos. Un 64% de los menores de 44 años votó demócrata.

Pero la ristra de desastres no acabó allí. Los republicanos perdieron 16 escaños y la mayoría en el parlamento estatal -de 100 asientos-, la mayor caída en Virginia en más de 130 años. Entre los derrotados, el líder parlamentario republicano y el número tres del partido. Entre los ganadores, la primera legisladora transgénero del país, Danica Roem, que venció al veterano republicano Bob Marshall, apodado "el homófobo en jefe de Virginia". Marshall había propuesto una ley anti-transgénero hace apenas un año e insistió en referirse a Roem como hombre durante la campaña.

Rechazo a los pro-Trump

Entre los grandes perdedores estuvieron gobernadores cercanos a Trump y que habían defendido sus planes. En Nueva Jersey, Chris Christie, primer gran republicano en apoyar al magnate, se retiró como gobernador y fue sucedido por el demócrata Phil Murphy. Con el control del parlamento estatal, Murphy promete legalizar la marihuana, aumentar los impuestos a los más ricos, crear un banco público, subir el salario mínimo a 15 dólares por hora e instaurar regulaciones más duras a la tenencia de armas, lo que convertiría al estado en un ensayo a gran tamaño para la izquierda estadounidense.

Mientras, en Maine, los votantes aprobaron en un referéndum aplicar una de las cláusulas del Obamacare que su gobernador, otro 'trumpista', Paul Le Page, había vetado, por un margen aplastante de unos 20 puntos. Esta cláusula permitirá que 70,000 habitantes del estado reciban sanidad pública a través de Medicaid, un plan para los más pobres que los republicanos habían intentado derogar en el Congreso este año. Por si fuera poco, Tom Coyne, un alcalde de una ciudad de Ohio que abandonó el Partido Demócrata para apoyar a Trump y asistió a recogidas de fondos para el magnate el mes pasado, apenas obtuvo el 38% de los votos en su fracasado intento de reelección.

Y la ristra de victorias no termina ahí: el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, fue reelegido por 40 puntos de ventaja; los demócratas se hicieron con la mayoría absoluta en el senado de Washington, lo que les da el control total del Gobierno estatal; ganaron tres escaños vacantes en el parlamento de Georgia; y se hicieron con una serie de alcaldías y cargos locales en ciudades históricamente republicanas de New Hampshire, Pensilvania, Ohio, Florida y Carolina del Norte, todos ellos estados 'veleta' que indican cómo está el sentimiento nacional.

El 'lastre' presidencial

La negra noche electoral prevé graves problemas para los republicanos de cara a las elecciones legislativas del próximo año. La impopularidad de Trump y de los principales proyectos republicanos -la derogación del Obamacare y el recorte fiscal- ha mandado en brazos de los demócratas a gran parte de las clases medias educadas que viven a las afueras de las ciudades, y que tradicionalmente eran el bastión de los republicanos. Las encuestas, que subestimaron las victorias demócratas, apuntan a unas legislativas brutales para el partido: actualmente la ventaja demócrata en intención de votos es de unos 10 puntos, y los republicanos se arriesgan a perder medio centenar de escaños de la Cámara de Representantes y su mayoría.

El análisis del presidente fue simple: Gillespie no le había "abrazado" lo suficiente.

El exasesor de Trump Steve Bannon, que hace tres días pronosticaba la victoria de Gillespie en Virginia por "hablar de los mismos temas que Trump" pasó a acusarle de ser "un monstruo del pantano" de Washington, de los que Trump quiere erradicar. Mientras, Fox News, la cadena de cabecera del presidente, mencionó unos segundos los resultados "en estados donde no ganó Trump" y pasó a otros temas.

El problema para la mayoría de diputados y senadores republicanos es que abrazar el trumpismo sin Trump no funciona en las elecciones, pero los militantes de su partido lo exigen en las primarias. Y los resultados de ayer demuestran que el partido puede haber tocado ya techo entre los votantes blancos rurales, pero todavía pueden caer mucho más entre las clases medias urbanas, un golpe del que difícilmente podría recuperarse a corto plazo. El canario en la mina está dando la señal de alerta, y solo quedan 365 días para las elecciones clave donde se lo juegan todo.


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