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Reconciliación y justicia social, ejes de la visita del Papa Francisco a Colombia

Marcos Suárez Sipmann - 5:50 - 11/09/2017
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  • El papa Francisco impulsa la firma del armisticio entre el Gobierno y el ELN

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El Papa Francisco, junto a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia. Foto: Reuters

Con su viaje a Colombia, el papa Francisco cumplió su promesa. Defensor declarado del proceso de paz entre el Gobierno y las FARC, hace un año prometió que visitaría el país si se alcanzaba el acuerdo. Fue el tercer papa en realizar de manera exclusiva una visita a Colombia. Pablo VI, en 1968, y Juan Pablo II, en 1986, lo hicieron como parte de una gira por América Latina.

El pontífice sabe que el éxito del pacto se jugará en el plano social. Es imprescindible que, junto a la reconciliación, se produzca un impulso de la justicia social. Dejó claro que considera la inequidad en la distribución del ingreso como la raíz de los males sociales. En su reunión con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y otros líderes políticos, en Bogotá, abogó por una legislación para combatir los orígenes de la pobreza estructural.

Tras el acuerdo de paz con los rebeldes de las FARC -ahora partido político cuyo nombre significa "Alternativa Revolucionaria"-, Colombia podría por fin invertir en el desarrollo social. Un dinero gastado hasta ahora en combatir militarmente a esa guerrilla. El Ejecutivo ya no puede argumentar que no invierte en algunas regiones porque allí se libran conflictos armados. No obstante, es en este momento crucial cuando la coyuntura económica se estanca. La caída del precio del petróleo y la reducción de la demanda china han frenado el pequeño milagro: la economía creció el año pasado solo un 2,3%, tras incrementos del 6% entre 2004 y 2007. El exitoso combate contra la pobreza y el aumento del ingreso per cápita se ven amenazados. Este último ha vuelto a retroceder desde 2014.

Según cálculos gubernamentales, la puesta en práctica del acuerdo con las FARC costará 37.000 millones de euros en los próximos 15 años. Un 85% lo consumirá la reforma agraria pactada. Esta contempla no solo la redistribución y regulación de las propiedades agrícolas, sino programas de fomento y mejora de la infraestructura donde el Estado no invirtió en décadas. Figura en segundo término la lucha contra el cultivo ilegal de coca. En los últimos tres años, su producción aumentó en Colombia un 200%. Lo ha posibilitado, por un lado, el que desde 2015 los campos de coca ya no son destruidos con glifosato por orden del Ejecutivo. Por otro, el que milicias y cárteles se apropiaron de terrenos una vez que las FARC entregaron las armas.

Situación al límite

La población rural abastece al país de alimentos, pero sus ingresos son ínfimos, por lo que no tiene acceso a educación ni a asistencia sanitaria. El lucrativo cultivo y el comercio de drogas es, a veces, el único modo de subsistencia. El país sigue desgarrado. En la costa del Pacífico continúan los enfrentamientos entre grupos armados por el control del comercio de drogas y la minería ilegal. El ejército está actuando y la población civil es la que más sufre. El movimiento guerrillero más antiguo del país se convirtió en el partido político más joven. Sin embargo, los rostros siguen siendo los mismos y es pronto para hablar de un nuevo comienzo.

La visita de Francisco ya produjo un hecho prodigioso antes de comenzar: el acuerdo firmado por el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con el que se negocia en Quito. Ambas partes se proponen "concretar acciones y dinámicas humanitarias", para lo que desarrollan un cese al fuego, bilateral y temporal, que reduzca la intensidad del conflicto y que durará 102 días a partir del 1 de octubre. No se trata -aún- de un acuerdo de paz. Para eso falta mucho camino. Si se trata de "reducir la intensidad" del conflicto cabe interpretar que el ELN suspenderá ciertas acciones ofensivas, aunque no otras. ¿Cuáles sí y cuáles no? ¿Quién asumirá las tareas de verificación si no existen obligaciones sustantivas? Hay un gran interrogante: ¿cuáles son los beneficios sostenibles que el Gobierno pretende lograr al suspender la acción pacificadora de la fuerza pública? Restringir la presión militar de ordinario implica una concesión -no siempre justificable- a los violentos.

Así, la tregua estipulada con las FARC fue exitosa por una sola razón: la guerrilla ya estaba decidida a poner fin a la confrontación. Cabe esperar que ese sea muy pronto el caso del ELN, más allá de eventuales prisas mediáticas derivadas de la visita papal. Es tan solo un comienzo, si bien lleno de optimismo.

Apenas un día después del armisticio con el ELN, Colombia recibía esperanzada la noticia de que el tenebroso clan Úsuga, el clan del Golfo, inició acciones concretas para someterse a la justicia. Si la negociación del ELN llega a buen puerto y se consigue el desmantelamiento del clan del Golfo puede cumplirse el sueño de una Colombia sin grupos ilícitos y violentos que atentan contra su estabilidad. El reto será llenar los vacíos de poder que dejarán antes de que surjan nuevos grupos ilegales.

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