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Rectificar no es una debilidad, sino una fortaleza

Estrella Flores-Carretero - 14:14 - 4/03/2019
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    Foto: Archivo

    Por más empeño que pongamos, por más precauciones que tomemos, siempre habrá un margen de error. Todos podemos tomar la dirección equivocada y, cuando eso ocurre, hay que saber rectificar cuanto antes.

    Ya he hablado en mi blog de cómo los errores no deben verse como fracasos, sino como oportunidades para aprender. Y esto ha de ser así porque, inevitablemente, vamos a equivocarnos. Tenemos que aceptar que liderar empresas es correr riesgos, lo cual implica incurrir en fallos, por más que planifiquemos cuidadosamente nuestra estrategia y por más que nos rodeemos de los mejores equipos.

    Lo importante, cuando las situaciones no resultan como esperábamos, es rectificar a tiempo. Confucio, el maestro chino que vivió seis siglos antes de Cristo, dejó escrito que "el mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas".

    Todos conocemos grandes empresas que no reaccionaron a tiempo, que se empecinaron en ignorar que iban cuesta abajo y sin frenos, como ocurrió en los sonados casos de Agfa o Enron. Rectificar es reconocer que nuestro punto de vista no era el acertado y, además, saber gestionar el cambio de ruta.

    Es duro aceptar que nos hemos equivocado, porque nos hace cuestionarnos nuestra propia valía, pero eso también nos ayudará a recomponer la maltrecha autoestima. Para rectificar como un líder necesitamos:

    1. Agilidad

    Hay que informar del error antes de que nos lo comuniquen a nosotros. Reconocer que hemos hecho algo equivocado no es un síntoma de debilidad, sino de fortaleza: expresa que afrontamos nuestras responsabilidades. Además, supone rebajar la agresividad de los demás y desarmar a los oponentes, si los hubiera.

    2. Autocrítica

    En el mundo empresarial es común ocultar los fallos personales: si nadie se entera, para qué contarlo; o si podemos achacar a otros nuestros errores, por qué no hacerlo. Sin embargo, está comprobado que decir la verdad, aunque parezca jugar en nuestra contra, mejora las relaciones, eleva la confianza y despierta la empatía. Rectificar es un ejercicio de autocrítica que beneficia a las personas y a las empresas.

    3. Humildad

    Es importante hablar sinceramente, como somos. La rectificación humilde nos hace ser más humanos, genera confianza, da ejemplo, enseña a los demás que también ellos pueden tropezar sin caer. Pero, especialmente, demuestra que todos podemos y debemos mejorar.

    4. Generosidad

    Aunque el error no sea directamente nuestro, hemos de asumirlo como propio, para eso lideramos un equipo. Rectificar no solo supone admitir nuestras equivocaciones, sino también valorar los puntos de vista de los demás.

    5. Habilidades emocionales

    No se puede rectificar de cualquier manera, sino con las palabras adecuadas: no es el nosotros, es el yo. Tampoco vale decir estoy desbordado, ni otros pretextos por el estilo. Basta con reconocer la equivocación, pedir disculpas a quien haya podido resultar perjudicado, alegrarse por la lección aprendida y hacer una promesa de cambio.

    Una cosa hay que tener clara: rectificar es dejar de cometer el error.


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