Razones para la responsabilidad individual sobre las finanzas personales

Javier García Monedero - 20:23 - 2/03/2017
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    Consciencia sobre el dinero

    Me considero una persona optimista. Soy de los que creen que la humanidad progresa. Hace solo algunos siglos el 90% de la población mundial vivía bajo el nivel de la pobreza y la esperanza de vida no llegaba a los 40 años.

    Las revoluciones industriales y la del consumo han acercado a grandes masas de la población mundial a bienes y servicios que antes solo eran accesibles a los muy pocos privilegiados.

    En nuestros días la revolución tecnológica está rompiendo las concentraciones de poder y creando nuevas formas de economía y nuevas corrientes de capitales que poco a poco están reequilibrando geográficamente la distribución de la riqueza.

    Soy optimista. Pero este optimismo sobre la evolución general de la humanidad convive con la constatación de que el sistema económico tiende a crear nuevas desigualdades y riesgos que la sociedad tarda en asimilar (y en tratar de corregir).

    La ceguera de las élites políticas, económicas y mediáticas contribuye a deslegitimar y desestabilizar el sistema.

    Ya está bien de quejarse del auge de los populismos. Los populistas solamente son capaces de engatusar a sus seguidores por el déficit pasmoso de racionalidad en los líderes del sistema económico y político.

    La gobernanza del mundo, de cada país, de cada empresa, de cada ciudad está enferma de cortoplacismo. Hemos creado un ecosistema donde la cooptación de los mejores se hace en base a rendimientos de corto plazo.

    El gestor de una empresa cotizada en bolsa solamente tiene incentivos para mejorar las cuentas del trimestre corriente o como mucho del año fiscal en curso. Eso es lo que moverá la cotización de su empresa y definirá el bono que cobre. No importa si para hacerlo tiene que destrozar su capital humano expulsando todo el conocimiento que la empresa atesora. El conocimiento humano es el único activo empresarial que no tiene reflejo contable y dilapidarlo no afecta a la cuenta de pérdidas y ganancias del trimestre o del año.

    El responsable político sólo está interesado en aquellas políticas que puedan afectar directamente a su próxima reelección. Y eso si tiene un cargo electo. Si su puesto depende de otro político, su única guía será la conveniencia de esta otra persona que a su vez está interesada solo en los próximos cuatro años.

    En un entorno así, ¿quién construirá catedrales que tarden más de una generación en terminarse? ¿Quién resolverá el problema de las pensiones? ¿Quién evitará las recurrentes burbujas inmobiliarias, tecnológicas, de materias primas, de deuda o de oro?

    Así pues, la humanidad progresa, sí, pero no al ritmo que le convendría a un ser humano en particular.

    Es por eso que a todos, incluso a los que más esperanzas ponen en las soluciones políticas a los problemas, nos convendría tener estrategias individuales para resolver nuestras finanzas personales.

    El dinero no da la felicidad pero su falta la hace casi imposible. Y, desgraciadamente en muchos países se educa a la población a vivir en un permanente estado de dependencia:

    Depender primero de los padres, después de una empresa o del estado como empleador y por fin del estado o de la familia cuando la capacidad de generar ingresos se extingue.

    Es imperativo corregir ese modelo educativo o al menos, adoptar estrategias individuales que corrijan esa tendencia general.

    Hay que aprender a generar ingresos de manera independiente y de fuentes diversificadas. Saber utilizar en beneficio propio el empleo asalariado pero teniendo siempre alternativas abiertas y buscando las oportunidades que se presenten de no depender del humor de un empleador.

    Y mientras se generan esos ingresos, preparase para no depender ni siquiera de esos ingresos. Para ello, la estrategia no puede ser otra que la de construir un patrimonio líquido, no principalmente inmobiliario a base de productos de inversión y proteger los riesgos más evidentes con productos aseguradores.

    Hacer esto bien está al alcance de cualquier economía. Basta con un poco de educación financiera y ser capaz de tomar las decisiones necesarias. En resumen, adoptar la postura de un ciudadano (no súbdito) independiente.


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