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Wall Street quiere una victoria republicana en las elecciones de Estados Unidos para no despedirse del rally

Jose Luis de Haro - 4:38 - 5/11/2018
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  • Un control legislativo con acento republicano es una opción más apetitosa

  • La confianza de las empresas y los consumidores están en niveles récord

Foto: Reuters

Este 6 de noviembre, los 435 escaños de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y 35 de los 100 asientos en el Senado se someterán al escrutinio de los estadounidenses. Una fecha crucial que muchos consideran como un referéndum a la gestión del presidente Donald Trump durante sus casi dos años en la Casa Blanca.

Un periplo no exento ni mucho menos de escándalos y polémicas que han vacunado al mercado, mucho más atento a la desregulación y recortes impositivos aplicados por el Gobierno en conjunción con los republicanos que, recordemos, cuentan con una mayoría absoluta en el Congreso y una simple en la Cámara Alta.

Sin embargo, hoy en día, si tomamos como referencia las encuestas y el comportamiento de los estadounidenses en las elecciones especiales celebradas en los últimos meses, bien por renuncias o jubilaciones de distintos legisladores, los demócratas se encuentran bien posicionados para lograr los 23 escaños adicionales que les otorgarían la mayoría en la Cámara de Representantes.

No tan fácil se posiciona en el Senado, donde además de tener que defender 25 banquetas, algunas de ellas en Estados donde la contienda se promete sumamente ajustada, deberían lograr otros dos escaños más para hacerse con el control de la Cámara.

Hacia un Congreso demócrata

Entre las mesas de inversión a este lado del Atlántico, el escenario base que se baraja en estos momentos, con un 65% de probabilidades de materializarse, implica una victoria demócrata en el Congreso y un Senado republicano que aventura un bloqueo legislativo. Un liderazgo republicano en ambas Cámaras como el actual queda relegado a un 25% de ocurrir, mientras que una fulminante victoria demócrata en el Capitolio queda reducida a un 10% de probabilidades de ocurrir. "La mayoría de las señales apuntan a un Senado republicano y un Congreso en manos de la oposición, dado que las encuestas, los cálculos electorales y los bajos niveles de aprobación presidencial favorecen en gran medida una ola demócrata", explica Dana M. Peterson, economista de Citi en Nueva York. Al ser preguntada por las consecuencias que esto puede traer, Peterson augura una mayor supervisión de las directrices de Trump, una clara resistencia a sus políticas, así como el riesgo de emprender procedimientos de juicio político, véase un impeachment.

De todas formas, también pone sobre la mesa la posibilidad de un acuerdo de inversión en infraestructura que estimule el crecimiento del PIB, si el cabizbajo espíritu bipartidista despertara de su letargo antes de las elecciones presidenciales de 2020. Aun así, a ojos del mercado, un control legislativo con acento republicano se postularía como la opción más apetitosa. "Si los republicanos pueden mantener el control del Congreso, podríamos ver otro intento de derogar de la Ley del Cuidado de Salud de Bajo Coste, más conocida como Obamacare, así como una segunda entrega de la reforma tributaria, que esencialmente supondría una extensión más permanente de los recortes de impuestos del año pasado. También esperamos que la política de desregulación y política comercial de la Administración Trump continúe como hasta ahora bajo este escenario", destaca Bricklin Dwyer, economista de BNP Paribas en Estados Unidos.

La estadística dice que los republicanos perderán escaños

Históricamente, el partido en control de la Casa Blanca, en este caso los republicanos, han perdido una cantidad significativa de escaños en el Congreso durante las primeras legislativas del presidente en cuestión, en este caso Trump. Desde 1910, la pérdida media ha estado al menos 38 escaños, en las 16 de las 18 elecciones perdidas por el partido político en el Despacho Oval. De todas formas, en esta ocasión cuentan con una coyuntura económica que sopla a su favor. "Casi dos años después de las elecciones presidenciales, la economía de Estados Unidos está yendo bien con un crecimiento cercano al 3% anual, mientras la inversión del capital de las empresas se acelera", indica Thomas Julien, economista de Natixis. Al fin y al cabo, tuits e improperios a un lado, la Casa Blanca ha logrado impulsar parte de su agenda con un recorte fiscal generalizado, una relajación regulatoria y la renegociación de acuerdos comerciales. "La tasa de paro ha disminuido a mínimos no vistos en décadas, especialmente en los Estados republicanos al tiempo que la confianza de las empresas y los consumidores están cerca de niveles récord", justifica Julien.

En el escenario base que barajan las principales mesas de inversión, donde el Capitolio quedaría dividido, es probable que la política fiscal pase a convertirse en un factor secundario. La posibilidad de aprobar estímulos adicionales sería difícil de implementar legislativamente por lo que este aspecto se mantendrá prácticamente sin cambios.

La economía seguirá beneficiándose de los vientos de cola de la reforma tributaria aprobada del 22 de diciembre de 2017, pero la política de la Fed y sus subidas de tipos podrían convertirse en el factor principal a la hora de cotejar las perspectivas de crecimiento a corto plazo. Todo ello a su vez dependerá de la evolución de las tensiones comerciales, ya que potencialmente pueden crear presiones tanto en los precios como en la confianza. De todas formas, si los demócratas se hacen con el control de la Cámara de Representantes, probablemente centrarán sus esfuerzos en iniciar un proceso de impeachment contra Trump, lo que limitaría la capacidad de aprobar cualquier legislación importante. En su lugar, ambos partidos comenzarán a posicionarse de cara a las presidenciales de 2020.

Un empeachment, malo para los mercados

En lo que se refiere a los mercados, la reacción de la renta variable americana bajo este escenario en un primer momento sería inicialmente limitada, aunque la posibilidad de juicios políticos contra el presidente aumentaría la volatilidad de las bolsas. Dicho esto, la posible destitución del presidente será difícil de alcanzar ya que requeriría la participación de muchos republicanos, ya que se requieren al menos 66 votos en el Senado. Además, en 1998, cuando Clinton fue sometido al proceso de impeachment, el impacto en los mercados fue casi inexistente.

Paralelamente, comenzará a digerirse la posibilidad de que la Fed alcance su tasa neutra el próximo año, entre el segundo y el tercer trimestre, según BNP Paribas, algo que generaría vulnerabilidades para el dólar. La volatilidad relacionada con los tipos de interés comenzará su declive a medida que el banco central sigue su curso y la rentabilidad del bono americano a 10 años sigue aumentando gradualmente.

Por el contrario, si los republicanos mantuvieran su hegemonía, la sorpresa para el mercado quedaría traducida en un rally inicial para la renta variable, especialmente para sectores que podrían beneficiarse de una segunda ronda de rebajas fiscales y la continua desregulación iniciada por la Administración Trump. En este caso, la rentabilidad del bono americano a 10 años, según los expertos, rompería la parte alta del rango más reciente. La perspectiva de una mayor relajación en las regulaciones y una expansión fiscal implicará a su vez un mayor esfuerzo por parte de la Fed para mantener la inflación en cintura a través de más subidas de tipos.

Este resultado probablemente también se interpretará como una validación la agresiva estrategia de Trump en materia comercial, algo que pude traducirse en una nueva desincronización entre los mercados de renta variable estadounidenses y los del resto del mundo, con los últimos registrando un rendimiento inferior al de la bolsa americana. En lo que al dólar se refiere, el continuado aumento de los tipos y una curva más pronunciada junto con las tensiones comerciales, probablemente blindarán al billete verde, con la divisa ganando terreno frente al euro y el yen además de múltiples divisas emergentes.

Finalmente, si fueran los demócratas los que rompieran con las previsiones y se hicieran con el control de ambas Cámaras, la reacción implicaría una posible caída moderada en la bolsa americana y en la rentabilidad del bono americano a 10 años de hasta 10 puntos básicos, según algunos estrategas, devolviéndola así al 2.8%, donde se ha mantenido la media de los últimos seis meses. Al mismo tiempo, una relajación forzada en la agenda comercial de Trump probablemente ayudaría a que los mercados de valores no estadounidenses y las divisas de mercados emergentes mejoren su rendimiento frente a sus respectivos activos estadounidenses.

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