La bola de nieve en Estados Unidos no acabará en alud

Jose Luis de Haro - 1:58 - 11/02/2018
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  • Las caídas en el mercado americano no serán un 'crash'

Imagen: Dreamstime

En esto del alpinismo bursátil, donde indicadores como el Dow Jones escalaban hasta 8,000 puntos desde las elecciones presidenciales, el mal de altura hace ya acto de presencia. Si a mediados de enero la renta variable aún daba el do de pecho, con el S&P 500 olvidándose de lo que era un traspiés de más del 5%, algo que no experimentaba desde junio de 2016, el escarnio se materializó esta semana, cuando este índice sufría oficialmente una corrección del 10% desde su máximos alcanzados el pasado 26 de enero.

Los inversores seguían disfrutando de esa extraña fórmula caracterizada por una volatilidad casi inexistente y una pavisosa inflación, un escenario que rechinaba con una economía que encadenó dos trimestres consecutivos creciendo por encima del 3 el año pasado antes de cerrar los últimos tres meses con un avance del 2.6%. Paralelamente, la tasa de paro se acomodaba en el 4.1%, mínimos en 17 años, mientras en el conjunto del año se generaron más de 2 millones de empleos. Echando gasolina al fuego, como dice el refrán anglosajón, Estados Unidos aprobaba un recorte fiscal de 1.5 billones de dólares en diciembre.

Entre vítores que alababan el crecimiento sincronizado de la economía mundial, con alumnos rezagados como la eurozona y Japón dando pasos de gigante mientras sus respectivos bancos centrales mantienen la respiración asistida, la Fed sumó tres subidas de tipos a las dos de diciembre de 2015 y 2016. También puso a dieta su balance en octubre, al tiempo que su dot-plot, ese mapa sobre las expectativas monetarias, telegrafió a finales de 2017 tres vueltas de tuerca más este año.

Aun así, no era extraño escuchar distintas teorías sobre por qué la rentabilidad del bono americano a 10 años seguía empecinado en no moverse más allá del 2.5% o cómo la Fed seguiría manteniendo cierta timidez a la hora de encarecer el dinero, especialmente una vez regentada por Jerome Powell. Entre medias, el oscuro mercado de las criptodivisas llegaba a superar una capitalización de más de medio billón de dólares, acrónimos como los Faang (Facebook, Amazon, Apple, Netflx y Google) hacían las delicias de muchos inversores y el encarecimiento del S&P se mantenía imbatible desde marzo de 2009.

El fin de la complacencia

Pero el viernes 2 de febrero algo aniquiló de golpe y plumazo la complacencia del mercado. La inflación salarial acumulada en el último año hasta enero tocó el 2.9% y los sueldos registraron así su mayor alza desde 2009. El primer síntoma de que los precios pueden comenzar a subir. Luego llegaron las declaraciones de Yellen a CBS para culminar su salida de la Fed, insinuando que los precios de algunos activos eran algo excesivos. Todo ello desató una tormenta perfecta de ventas sobre el parqué que para algunos es considerada necesaria y saludable. "Han transcurrido más de 400 días hábiles desde que el mercado experimentó una reducción del 5%, el período de tiempo más largo en casi 90 años", matiza Ben Snider, estratega de Goldman Sachs, apuntando que, desde 1929, se han producido movimientos del 5% a la baja cada 92 días. Precisamente, desde este banco siguen insistiendo en que un PIB más fuerte, un incremento en las materias primas y un dólar débil siguen apoyando su objetivo para el S&P en 2,850 puntos e incluso no descartan los 3,000. "Esperamos que el aumento de los tipos de interés evite la expansión del PER por encima del 18 actual", incide Snider. Goldman Sachs, que habla de una "exuberancia racional" en la bolsa americana, observa la rentabilidad del bono en el 3% este año y descuenta cuatro subidas de tipos y otras cuatro en 2019.

"Con los bancos centrales preparando la salida para reducir sus estímulos extraordinarios, una mayor volatilidad era de esperar", considera Paul Mortimer Lee, economista jefe de BNP Paribas en Estados Unidos Mortimer señala que hasta ahora se habían acumulado grandes posiciones apostando por la continuidad de la baja volatilidad, de ahí que cuando el riesgo repuntó de forma brusca "las pérdidas magnificaron la dinámica, lo que provocó caídas espectaculares en las acciones". A las díscolas inversiones respaldando la baja volatilidad hay que sumar el papel de la inversión pasiva. Ken Polcari, director de O´Neil Securities, arremetía esta semana contra los fondos cotizados en bolsa: "¿Podemos volver a la inversión activa y real?" No iba desencaminado. Según Susquehanna, en lo que llevamos de mes los ETF de renta variable han sufrido fugas por valor de 21,900 millones de dólares, 17,500 millones de los cuales llegan derivados de fondos que emulan el comportamiento del S&P.


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