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Aún no es tiempo de una nueva votación del Brexit: T. Raphael

Bloomberg - 15:31 - 14/12/2017
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    (Foto: Bloomberg)

    La idea de volver a realizar la histórica votación de 2016 en la que el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea con 52% de los votos a favor y 48% en contra es comprensiblemente tentadora para los que están en este último segmento. Considere lo que ha sucedido desde entonces: ansiosas negociaciones con la Unión Europea, encuestas que muestran un creciente arrepentimiento por el Brexit, evidencia de que la economía del Reino Unido está sufriendo por la incertidumbre que ha traído la decisión.

    Los principales partidos políticos del Reino Unido rechazaron la idea (aunque el portavoz de asuntos económicos de la oposición laborista, John McDonnell, se negó a descartarla en una entrevista con Bloomberg TV esta semana). Pero eso no ha detenido a sus defensores en casa o incluso en Europa. De cuatro recientes peticiones electrónicas para una nueva votación, la más grande obtuvo 130,000 firmas desde septiembre. Manfred Weber -aliado de la canciller alemana Angela Merkel y líder del grupo más grande en el Parlamento Europeo, habló el miércoles sobre el creciente apoyo británico a un segundo referéndum. El exprimer ministro Tony Blair, entre otros, ha pedido un segundo referéndum en varias ocasiones.

    Esta semana, el parlamentario galés del Partido Laborista Geraint Davies publicó un proyecto de ley que daría a los votantes la opción de aceptar o no el acuerdo final que alcancen la UE y el Reino Unido. El Parlamento se dio a sí mismo una opción similar el miércoles por la noche en una votación que obligará al gobierno a someter el acuerdo final del Brexit a su escrutinio antes de abandonar la unión, pero que puede no satisfacer a quienes siguen empeñados en un segundo referéndum.

    Por más atractiva que parezca esa vía, en una inspección minuciosa, los argumentos al respecto no son convincentes.

    Un argumento débil es que los votantes fueron engañados por la campaña que promovía abandonar el bloque. Es cierto que hubo afirmaciones absurdas y engañosas durante la campaña, que sugerían por ejemplo que Gran Bretaña obtendría un beneficio financiero extraordinario de manera inmediata cuando dejara de pagar las cuotas de membresía a la UE. A los votantes que decidieron abandonar la UE no se les dijo que el Reino Unido también abandonaría el mercado único. Pero si las democracias volvieran a realizar votaciones sobre la base de afirmaciones engañosas en la publicidad política, nunca se resolvería nada.

    Un argumento más sólido se basa en el hecho de que los votantes en el referéndum del Brexit estaban comparando una cantidad conocida (pertenencia a la UE) con una desconocida (vida fuera del bloque). No tenían manera de medir el efecto de una separación. Según esa lógica, los británicos deberían tener la oportunidad de votar nuevamente una vez que se establezcan las relaciones comerciales entre el gobierno del Reino Unido y que los ciudadanos y negociadores de la UE puedan juzgar razonablemente el resultado.

    Davies, el parlamentario galés que llama a un segundo referéndum, dice que la pregunta que debería plantearse a los votantes es la siguiente:

    ¿Apoya usted el propuesto paquete de salida de Reino Unido y Gibraltar del gobierno para su retirada de la Unión Europea o debería el Reino Unido seguir siendo un miembro de la Unión Europea?

    Los votantes podrían responder "apoyo el paquete de salida propuesto por el gobierno" o quiero "seguir siendo miembro de la Unión Europea".

    Eso suena simple, pero no lo es. Un problema es el tiempo. El Reino Unido sale legalmente de la UE el 29 de marzo de 2019. Muchos expertos (aunque no todos) dicen que el Artículo 50, la medida del tratado de la UE por la cual Gran Bretaña notificó su intención de abandonar el bloque, puede revertirse legalmente antes de que el retiro sea definitivo. Entonces, si el Reino Unido echara pie atrás sobre el Brexit por medio de un segundo referéndum, esa votación debería tener lugar antes de marzo de 2019.

    Las democracias parlamentarias son bestias pesadas; cumplir ese plazo sería una hazaña. Los referendos requieren legislación y hasta un año de plazo para prepararse. Eso significa que en los próximos meses, el Parlamento debería acordar un referéndum, la pregunta, el formato y otros detalles.

    Eso es improbable. El Partido Laborista, que representa a muchos distritos electorales proBrexit, se opone oficialmente a un segundo referéndum (aunque quiere mantener estrechos vínculos con la UE). El gobierno conservador, que está negociando la salida, obviamente se opone. Es difícil imaginar las circunstancias bajo las cuales un segundo referéndum tendría suficiente apoyo parlamentario en el futuro previsible.

    Una vez que pase el 2019, revertir el Brexit se vuelve aún más complicado. Después de que el Reino Unido haya salido de la UE, tendría que presentar una nueva solicitud para volver a unirse; dar pie a otra larga negociación. En ese caso, los votantes estarían en la misma posición en la que se encontraban antes del primer referéndum: se les pediría su opinión sobre el reingreso a la UE sin conocer los términos.

    Incluso esforzándose por imaginar el clima político que podría permitir tal votación, las posibilidades de que Gran Bretaña reingrese a la UE en los mismos términos en que dejó el bloque son infinitamente pequeñas. Es poco probable, por ejemplo, que la UE aprobaría la controvertida rebaja presupuestaria que Margaret Thatcher negoció en los años ochenta. En cambio, podría pedir un mayor signo de compromiso, como abandonar la libra por el euro.

    Pero (ahora sin cuestionarse del todo la veracidad de que pueda llevarse a cabo) incluso si el Parlamento británico pudiera acordar un referéndum antes de que se agote el tiempo del Artículo 50, parece imprudente hacerlo. En un momento en que la confianza del público en los políticos es débil, ¿cómo fomenta la fe en la democracia que un gobierno llame a una votación que se suponía era definitiva y luego la repita? Más importante aún, después de haber visto el costo que la incertidumbre ya ha traído a la economía del Reino Unido, sería una tontera alargar la incertidumbre con una nueva campaña y votación. Y en un momento en que otros asuntos importantes -desde la escasez de viviendas hasta la desigualdad y un servicio nacional de salud severamente exigido- son privados del oxígeno de la atención del gobierno, sería un uso derrochador de las energías del gobierno.

    Tal vez algún día, posiblemente dentro de décadas, habrá un caso suficientemente fuerte para revisar la decisión de junio de 2016. Eso no es ahora. Aquellos que quieren una relación cercana con Europa deberían pensar en cambio en cómo influir en las negociaciones comerciales que están a punto de comenzar.

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