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De la peste negra al coronavirus: la economía no vuelve a ser la misma tras una epidemia con secuelas que duran 40 años

Francisco S. Jiménez - 13:16 - 7/04/2020
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  • Las epidemias arrasan con la mano de obra y la inversión

  • El resultado es un aumento de presión a la baja sobre las tasas de interés

  • Históricamente España e Italia lo pasan mucho peor que Alemania u Holanda

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Respuesta de las economías europeas a las pandemias. Fuente: Reserva Federal de San Francisco.

Las grandes guerras y las epidemias tienen en común, desde el punto de vista económico, que arrasan con el capital humano, pero mientras las primeras destruyen activos productivos, las segundas se cargan la inversión y disparan el ahorro, provocando efectos muy distintos a largo plazo, según un reciente estudio publicado por la Reserva Federal de San Francisco. Los investigadores destacan que las epidemias han deprimido durante décadas la rentabilidad real de los activos y hundido las tasas de interés naturales, que terminan afectando al precio del dinero. Históricamente, España e Italia lo han pasado mucho peor que economías como la alemana o francesa. La buena noticia de la investigación es que el coronavirus dejará margen fiscal suficiente para echar mano de bonos de guerra y paliar la crisis económica. En directo | Sigue la alerta mundial por el coronavirus.

Para los investigadores, una vez superada la crisis transitoria que causa una pandemia, se producen desviaciones significativas en un horizonte temporal de entre 10 y 20 años para las tasas de interés. La necesidad de inversión disminuye por la escasez de mano de obra y por otro lado se produce un shock en el ahorro. La tasa de ahorro sube durante los siguientes años a medida que surgen nuevos motivos de precaución o simplemente para reemplazar la riqueza perdida utilizada durante el pico de la calamidad. Esta situación es demoledora para las tasas de interés, que terminan por los suelos.

Y ha sido así desde la peste negra del Siglo XIV.  Murieron alrededor de 75 millones de personas entre 1331 y 1353, provocando un profundo cambio económico, social y político. La falta de mano de obra desembocó en revueltas de los campesinos por toda Europa al exigir mejores salarios a los señores feudales. La más conocida fue el Gran levantamiento de 1381 en Inglaterra y aunque todas fracasaron cambiaron las reglas del juego. Prácticamente se abolió el régimen de esclavitud que reinaba en la baja Edad Media. Los propietarios de grandes tierras estaban desesperados por encontrar trabajadores que labraran y cultivaran sus campos. Según el economista e historiador Gregory Clark, la epidemia redujo la oferta de mano de obra entre un 25% y un 40%, lo que provocó que los salarios entre las clases pobres crecieran un 100%. Estos porcentajes se tradujeron en mayores sueldos, pero también en menos horas de trabajo y libertad para elegir al señor a quien servir.

La peste negra dejó una lección importante, la economía se reequilibra a costa de los rendimientos de capital. Los activos más comunes de la época se depreciaron con fuerza. La rentabilidad de la tierra de cultivo pasó del 8% al 5% por el incremento de los costes laborales, según el experto. Cuando todavía es imposible calibrar el desastre económico que provocará el coronavirus en las economías, los investigadores de la Fed de San Francisco Òscar Jordà, Sanjay R. Singh y Alan M. Taylor han analizado el impacto que tuvieron epidemias pasadas teniendo en cuenta los salarios en un estudio para la Reserva Federal de San Francisco. Constatan el incremento de salarios, pero van más allá y hallan que la mejora se prolonga durante décadas.

Respuesta de los salarios a las pandemias

El mismo ejercicio lo hacen con las doce pandemias que más muertes han provocando desde la peste negra. Los sueldos suben progresivamente hasta alcanzar un pico de un 5% aproximadamente tres décadas después de la epidemia.

Durante décadas los retornos de capital quedan deprimidos

Por contra, descubren que la depresión en las tasas son seguidas por períodos sostenidos, durante varias décadas, de retornos de rentabilidad de inversión muy bajos, debido al exceso de capital que se queda en menos manos, y al incremento del ahorro como medida de prevención o para recuperar parte de la riqueza agotada.

La novedad del estudio es que se centra sobre el impacto que han tenido las pandemias a muy largo plazo, recogiendo las experiencias de doce crisis sanitarias históricas, incluida la gran peste de Londres del s. XVII, las plagas de cólera del XVIII, la gripe española de principio del siglo XX, o la reciente gripe aviar en Asia. Las actuales previsiones están enfocadas a corto plazo. Muchas casas de análisis ya vaticinan caídas en picado del PIB de más del 10% para Estados Unidos y sobre el 15% para la mayoría de las economías europeas y que termine todo en una recesión limitada. Pero los autores señalan que apenas hay precedentes para establecer un cuadro económico cuando la actividad comercial mundial entra en coma inducido.

A la conclusión que llegan es que todas las plagas dejaron una larga secuela que tarda en desaparecer décadas. Los académicos utilizan en su estudio la tasa de interés natural para medir los efectos a largo plazo que han tenido las pandemias en las economías europeas. A grandes rasgos se podría definir como el punto de equilibrio entre salarios y precios para que una economía se encuentre equilibrada. Este concepto les sirve a los autores, utilizando datos disponibles de sueldos y activos, como un barómetro útil de las fluctuaciones a largo plazo del dinamismo económico. Para la política monetaria también es una herramienta esencial. La teoría económica apunta a que la fijación de las tasas de interés se tienen que fijar cerca de la tasa natural para lograr que el PIB, el empleo y la inflación se sitúen en el nivel óptimo para que la economía crezca sin desequilibrios.

El efecto de las crisis financiera sobre las tasas se pueden alargar 10 años

"Después de una pandemia la tasa de interés natural disminuye durante décadas alcanzando su punto más bajo unos 20 años después, con una tasa natural aproximadamente 2% menor si la pandemia no hubiera tenido lugar", explica el estudio. Y tarda otros 20 años en recuperar los niveles previos. El alcance de una pandemia para las tasas de interés son mucho mayores que en una crisis financiera. "Después de las grandes recesiones causadas por crisis financieras, la historia muestra que las tasas reales permanecen a la baja de 5 a 10 años, pero el estudio demuestra una persistencia aún más pronunciada en las epidemias", señalan.

Uno de los hallazgos más interesantes de la investigación es la comparación que se realiza con el comportamiento de las tasas de interés tras un conflicto bélico respecto a las epidemias. Aunque a lo largo de la historia suele solaparse, como ocurrió con la gripe española y la I Guerra Mundial, lo cierto es que la economía responde de manera diferente.

Respuesta de las tasas naturales a las guerra y a las pandemias

En las guerras, las tasas suelen reaccionar bruscamente a la baja, para luego repuntar en línea con la subida de precios ante la escasez de productos. "El sesgo sobre las tasas de interés natural puede leerse fácilmente a la inversa", comentan los expertos.

Los bonos, un invento de la guerra para financiarse

Las epidemias y las guerras comparten el factor de alta mortalidad afectando a la mano de obra. Pero, "la escasez de capital creada por la destrucción física es una característica ausente en pandemias", lo que impacta directamente en la oferta y estimula los precios, a pesar de que retroceda la demanda. Además, los expertos recuerdan que la deuda suele aumentar en época de conflicto. La guerra inventó los bonos para financiarse. Desde el principio de los tiempos, los contendientes ante la escasez de recursos recurren a la deuda para financiar la contienda. "La carga de recaudar grandes sumas de dinero a través implica unas tasas de interés más altas", subrayan.

La gran pregunta es si las economías europeas se van a comportar igual ante la pandemia del coronavirus. Lo cierto es que las tasas de interés llevan una tendencia a la baja, agudizada desde la última crisis financiera y la Gran Recesión hasta tasas negativas. Pero no es más que un pequeño fragmento dentro de una disminución secular que se remonta a siglos atrás.

Según la evolución de la tasa de interés natural, durante la Edad Media se situó sobre el 10%, al comienzo de la Revolución Industrial bajó al 5% y hoy en día ronda el 0%. Sobre este nivel, siguiendo la tesis de Jordà, Singh y Taylor, la proyección de las tasas tenderán a hundirse poco a poco hasta el -2% de media, en un plazo de veinte años.

La peste negra y otras plagas golpearon a las poblaciones por debajo de los 60 años

Sin embargo, sobre las tasas oficiales y naturales influyen muchos factores más que terminan evitando una curva suave. El factor tecnológico sobre la producción, el demográfico como el envejecimiento de la población y el político (las propias decisiones de los propios bancos centrales) provoca en determinados fuertes oscilaciones, aunque no han evitado modificar la tendencia de fondo. Estas circunstancias platean dudas si la actual pendemia tendrá las mismas consecuencias. Hasta el momento la mortalidad del COVID-19 se ceba con personas de elevada edad reduciéndose el impacto sobre la fuerza de trabajo, un elemento que terminó desestabilizando a las economías en pasadas pandemias. El desarrollo de la tecnología también apunta a que por este lado pueda amortiguar el golpe sobre la mano de obra. "La peste negra y otras plagas golpearon a las poblaciones por debajo de los 60 años, por lo que esta vez puede ser diferente", afirman.

Otra interrogante que abre el estudio es si todas las economías europeas sufrieron las consecuencias de la misma manera. Y la respuesta arroja luz sobre la actual situación. Europa ha caído en un debate de qué medidas a adoptar, mientras los contagios y las muertes crecen de manera dispar entre sus poblaciones. El estudio recoge cómo han ido respondiendo las economías de Francia, Alemania, Italia, Holanda, España y el Reino Unido a las distintas epidemias. Los tipos naturales sufren de media una caída del 10% y de alrededor de un 4% en Francia y España, en contraste con el bloque del norte de Europa con consecuencias más modestas.

Estos resultados se explican por "la exposición de cada país a la pandemia, el tamaño de la población activa y la industrialización de cada economía". Circunstancias que a día de hoy también definen las posiciones de cada países para defender el tipo de ayuda y la magnitud a través de la Unión Europea. La buena noticia es que si se cumplen las consecuencias de anteriores plagas con un descenso mayor en las tasas habrá espacio fiscal suficiente para que los gobiernos cumplan con su retórica de economía de guerra para elevar la deuda y aplicar estímulos.


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