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El crecimiento económico de Latinoamérica se desinfla

Javier Santacruz Cano - 26/08/2019 - 6:00
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  • FMI y BID reducen su estimación de avance económico hasta el 0.6% y 1.1%

Foto: Archivo.

América Latina no se escapa del escenario general de desaceleración de la economía mundial. Las últimas voces en advertir de esta situación fueron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los cuales redujeron su estimación de la tasa de crecimiento económico de Latam y Caribe hasta el 0.6% y el 1.1 respectivamente para este año frente al 1.4 anterior pronosticado en mayo, y en el 2.3 para el próximo año 2020, estimación en la que los dos organismos coinciden.

Esta revisión responde a una caída mayor de la esperada de los ritmos de crecimiento de las principales economías de la región: México, Argentina (afrontando una grave crisis por la amenaza de que vuelva el kirchnerismo) y Brasil, que resta potencia al crecimiento del conjunto y sitúa un escenario cíclico similar al de la mayor parte de las economías occidentales.

En menos de un año, las perspectivas de crecimiento se desplomó. Si comparamos el consenso de la CEPAL en el último trimestre de 2018 con estas últimas previsiones del FMI y del BID, podremos ver una reducción de casi el 50% en la senda de crecimiento estimada, lo cual no debería sorprendernos, ya que es el mismo comportamiento de 2018 que cerró con un crecimiento del 1.4 cuando a principios de año se esperaba un avance del PIB cercano al 3.

¿Cuáles son los factores que frenan el crecimiento?

Con la presente coyuntura macroeconómica, es evidente la combinación de dos factores que explican esta divergencia: el excesivo y contumaz optimismo de los analistas en cuanto a perspectivas de desarrollo de América Latina y la combinación de factores externos no esperados que impactan de forma negativa sobre países que continúan con importantes desequilibrios en sus cuentas exteriores. A pesar de haber amortizado deuda externa, mejorado los flujos netos de inversión directa exterior situándose en los 160,000 millones de dólares en 2018 y manteniendo un nivel elevado de reservas de divisa extranjera, el flanco exterior sigue siendo uno de los más importantes puntos débiles de Latinoamérica.

Son evidentes dichos "factores externos", tal como señala el economista jefe del BID, Eric Parrado: en primer lugar, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China impactan de forma significativa en el desempeño de la región; en segundo lugar, la crisis migratoria por el éxodo de ciudadanos venezolanos a otros países por la dictadura de Maduro (según ACNUR son ya cuatro millones de venezolanos los que abandonaron su país desde 2015); en tercer lugar, los incrementos mayores de lo esperado en el gasto público, lo cual compromete la estabilidad de las cuentas públicas especialmente en países como Ecuador o Colombia; en cuarto lugar, los posibles movimientos de tasas de interés en Estados Unidos que introduce perturbaciones en las tasas de cambio nominales y los efectos sobre las tasas relativas de inflación entre Estados Unidos y el resto de países iberoamericanos; y en quinto lugar, la desfavorable climatología que está reduciendo la producción minera en Chile y la producción agrícola en Paraguay, tal como apunta el último informe del FMI.

Los Gobierno de la región podrían apostar por un aumento del gasto público para impulsar el crecimiento

Por tanto, es necesario vigilar el impacto que puedan tener estos y otros factores sobre el desempeño de estas economías como las fluctuaciones en las cotizaciones de las materias primas o en los flujos de capital. De momento, estos shocks externos están siendo compensados por un dinamismo modesto de demanda interna en términos generales, gracias al consumo interno y la atonía de la formación bruta de capital.

Una vez marcadas las tendencias generales, es necesario descender en el detalle por áreas concretas. Dejando a un lado a Argentina que continúa en recesión (lleva ya cuatro trimestres) agudizando su crisis tras el resultado de las primarias, podemos distinguir tres perfiles diferentes de comportamiento macroeconómico. El primero es el grupo de países formado por Brasil y México, los cuales tras un tercer trimestre de relativo dinamismo, el PIB volvió a frenarse notablemente a finales de 2018 y continuaron desacelerándose en el primer trimestre de 2019. Por el contrario, un segundo grupo de países liderados por Chile y Perú, experimentaron una aceleración del PIB. Por último, un grupo de países con relativa estabilidad y niveles cercanos a los previstos como Colombia.

En los próximos trimestres se verá hasta qué punto la demanda interna será capaz de sostener el crecimiento del PIB

En los próximos trimestres se verá hasta qué punto la demanda interna será capaz de sostener el crecimiento del PIB y compensar la continuada aportación negativa al PIB de la demanda externa (excepto en el cuarto trimestre de 2018, positiva tras siete trimestres en negativo) que corre peligro de volverse estructural. Exceptuando el período 2015-2017, desde 2011 la mayor parte de los trimestres registraroncontribución negativa del sector exterior al PIB, coincidente con el empeoramiento generalizado de la relación real de intercambio (el cociente entre el precio de las exportaciones y las importaciones) y ésta a su vez impactada por los mínimos de ciclo que registran los precios de las commodities agrícolas que cotizan al mismo nivel de 2009 según los datos agregados del FMI.

Partiendo de esta situación, es necesario mantener la estabilidad de las políticas económicas evitando un posible sesgo expansivo. La tentación, sin duda, está siempre presente, dado que los Gobiernos creen que aumentando el gasto público se puede estimular la economía, como es el caso de los últimos pronunciamientos del Gobierno mexicano. Sin embargo, es mejor no volver a transitar por este camino, ya que se consiguió estabilidad en la inflación promedio de la región (especialmente la subyacente) gracias a una política monetaria austera y un crecimiento más controlado de la Deuda Pública. Aún así, persisten graves desequilibrios como el proceso de inflación en Argentina que se está controlando y la inestabilidad de las cuentas públicas en Brasil, donde será necesario tomar medidas más contundentes para atajar el déficit que supera el 7% del PIB.

En suma, el impacto a corto plazo de todos los factores no debe distraer la atención de los retos a medio y largo plazo que tiene la economía latinoamericana. En este sentido, en un reciente informe, la agencia de rating Moody's advirtió de la calidad institucional como uno de los factores decisivos para fomentar un crecimiento sostenido a largo plazo.


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