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El año del gallo chino y Donald Trump

Jaume Giné Daví - 7:24 - 14/02/2017
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  • Los errores geoestratégicos de Estados Unidos abren la puerta a China

Donald Trump y Xi Jinping. Foto: Efe.

China inició el 28 de enero el año del Gallo, un signo que simboliza el despertar, el trabajo y la paciencia: actitudes y virtudes que definen el carácter del pueblo chino. El gallo puede ser a veces rudo pero también es enérgico y reacciona con determinación cuando se le desafía. Donald Trump es un recién llegado, altivo e impetuoso, que amenaza con alterar el campo de acción en el que China se mueve a sus anchas. Pero el gallo oriental, atento y persistente, reaccionará con firmeza y sutileza ante las bruscas pretensiones del inexperto Trump.

El presidente Xi Jinping lanzó en el Foro Económico Mundial un mensaje aplaudido por las influyentes elites económicas y empresariales: "China seguirá apostando por una Globalización que considera irreversible, pero que deberá reequilibrase y adaptarse a un orden político y económico internacional cambiante y extremadamente complejo". El mundo al revés. Estados Unidos pregona el proteccionismo comercial y deja de asumir algunas de sus responsabilidades internacionales. En cambio, China, liderada por un Partido Comunista, defiende el libre comercio y la lucha contra el calentamiento global y reforzará su liderazgo regional y mundial.

Donald Trump ofreció a Xi Jinping un valioso y oportuno regalo para celebrar el año del Gallo: enterró el Acuerdo Transpacífico (TPP) que Estados Unidos, Japón y otros diez socios de Asia-Pacífico habían firmado en febrero de 2015. Un error geoestratégico que facilitará la creciente penetración económica china en toda la región, impulsando nuevos acuerdos regionales y bilaterales y un mayor protagonismo al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB), que ayudará a cofinanciar la construcción de las nuevas Rutas de la Seda que conecten China con sus vecinos asiáticos y, especialmente, con Europa a través de Asia central.

Xi Jinping aprovechará la crisis de las relaciones transatlánticas para reforzar la cooperación china con Europa. Ambiciona impulsar, sorteando las instituciones de una UE sumida en una crisis política, las relaciones comerciales directamente con cada uno de los Estados miembros. Pero las discrepancias entre China y la UE persisten. Según un informe de Rhodium Group y del Instituto Merics, las empresas chinas invirtieron unos 35,000 millones de euros en 2016, un 75% más que en 2015, siendo Alemania, con 11,000 millones, el principal destino de la inversión china en el viejo continente. En cambio, la inversión europea en China en 2016, unos 8,000 millones, recularon por segundo año consecutivo. Un desequilibrio inversor y comercial que dificulta la pretensión china de que Bruselas le reconozca el estatus de "economía de mercado".

Sin embargo, China afronta 2017 con riesgos económicos y financieros acrecentados por un posible conflicto comercial con Estados Unidos y por los efectos negativos de una mayor subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal (Fed), que atraerán más capitales internacionales. Pero Pekín tiene una carta a jugar: sigue siendo, tras Japón, el segundo tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos. La economía china evitó un aterrizaje brusco creciendo un 6.7% en 2016. Sin embargo, el precio pagado para estabilizarla es elevado. Las medidas de estímulo adoptadas por el Banco Central Chino impulsan la inversión, sobre todo en infraestructuras, pero el aumento del crédito aún dopa el sector inmobiliario. También se incrementó el endeudamiento público y privado, que alcanza el 250% del PIB y tensiona el sector financiero. En 2008 era el 141 por ciento. Las reservas de divisas cayeron hasta los 3 billones de dólares y el yuan se depreció casi un 7% frente al dólar.

Además, las exportaciones chinas recularon un 7.7% y las importaciones un 5.5%, aunque se mantiene un excedente comercial cifrado en 480,000 millones de euros. Influyó la menor demanda mundial y una pérdida de competitividad debido al gradual incremento de los costes de la producción. China está transitando hacia otro modelo económico, que aún depende del sector exterior, porque, a pesar de que el consumo interior sube, lo hace menos de lo esperado.

En 2017 el Gobierno chino hará todo lo posible para mantener los actuales niveles de crecimiento y evitar el descontento social. Influyen factores políticos. Xi Jinping precisa abrir el 19º Congreso del Partido Comunista Chino, del próximo otoño, fortalecido por un marco político y económico estable. Será una reunión clave para asegurar su continuidad como líder del régimen chino, el más poderoso desde tiempos de Mao; renovar los cuadros del Partido y marcar los grandes objetivos y prioridades políticas y económicas para los próximos cinco años. Se explica que Xi Jinping deba mantenerse firme y "guardar la cara" frente a un impetuoso Donald Trump que, antes de sentarse en la Casa Blanca, provocó los primeros recelos de Pekín tras unas afirmaciones sobre Taiwán. Después rectificó comprometiéndose a mantener la política de una sola China.

El Imperio del Medio deberá ser muy paciente para evitar conflictos con Estados Unidos, que tendrían una repercusión global.

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