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Los estados donde los republicanos del 'Tea Party' bajaron los impuestos en 2011 luchan ahora por evitar la bancarrota

Víctor Ventura - 5:35 - 14/02/2018
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  • Las bajadas crearon agujeros multimillonarios en los presupuestos

  • Los estados no pueden tener déficit, así que tuvieron que recortar gasto

  • Los nuevos presupuestos de Trump llevarán el déficit al 6% del PIB anual

Foto: Getty

Colegios que solo abren cuatro días. Calles con baches cada pocos metros. Centros de salud locales al borde de la quiebra. En Estados Unidos, el Partido Republicano lleva dos décadas abogando por la reducción de los impuestos al mínimo posible. Y en numerosos estados en los que tomaron el control con mayorías aplastantes a principios de esta década, sus efectos se han visto en toda su crudeza: las cuentas estatales están al borde de la quiebra, el Gobierno apenas tiene dinero para cubrir los servicios públicos básicos y sus economías están en el vagón de cola del país. ¿Es Kansas una muestra de lo que ocurrirá en el resto del país en cuanto se empiece a sentir la reforma fiscal que los republicanos aprobaron a nivel nacional el pasado diciembre?

Una de las teorías fetiche de los conservadores estadounidenses es la llamada "Curva de Laffer", según la cual un nivel de impuestos alto fomenta la evasión fiscal, por lo que una bajada de tasas en realidad aumentará la recaudación. En teoría, los menores impuestos atraerían a los más ricos a mudarse a esa zona, reactivarían sus economías y crearían suficiente actividad para recuperar los ingresos perdidos por el otro lado. La realidad, sin embargo, ha sido bastante más dura: ningún millonario ha decidido mudarse a Kansas o Luisiana, la economía se ha visto lastrada por los recortes en gasto público y los ingresos se han desplomado.

Los problemas de ambos estados comenzaron en 2011, cuando el llamado 'Tea Party', un movimiento que abogaba por bajar los impuestos y recortar el gasto. En aquel año, una ola de reacción contra la presidencia de Barack Obama, reactivó a los republicanos en numerosos estados tradicionalmente demócratas o con una división que obligaba a ambos partidos a negociar a nivel estatal. Con mayorías aplastantes, los republicanos decidieron aprovechar sus nuevos poderes para aplicar su programa al completo. Un "ensayo político" sobre millones de personas, cuyos efectos se han hecho sentir dolorosamente en estos años.

Fuera impuestos, fuera servicios

La filosofía era muy clara: "Kansas no tiene un problema de ingresos, sino de gasto", anunciaba el (ex) gobernador, Sam Brownback, que prometía que sus bajadas de impuestos serían "una inyección de adrenalina". Su receta era clara: bajar el impuesto sobre la renta y eliminar los impuestos a empresas unipersonales -personas que son propietarias de una empresa y tributan en su nombre- y el de ganancias de capital, dos de los que más afectan a los más ricos. Un ciudadano podía vender una vivienda, o una empresa, sin tener que pagar ningún impuesto estatal.

Según la teoría del "trickle down" (goteo hacia abajo), los nuevos ingresos de los millonarios se invertirían en nuevas empresas. Sin embargo, el efecto fue todo el contrario: diversos estudios muestran que su estado se quedó a la cola de creación de empleos del país, por detrás de otros vecinos, como Colorado o Nebraska, que no tomaron las mismas decisiones. No solo eso, sino que llegaron a perderse puestos de trabajo mientras Estados Unidos marcaba récords históricos de bajo desempleo, según datos de la Reserva Federal.

Creación de empleo. Porcentaje de variación respecto al año anterior. En rojo: todo Estados Unidos. En Azul: Kansas. Fuente: Oficina de Estadísticas de Empleo.

El efecto de estas medidas ha sido la aparición de enormes agujeros en los presupuestos de estos territorios, de un tamaño sospechosamente similar a las bajadas de impuestos. Kansas perdió 700 millones de dólares en ingresos anuales por impuestos. Pero no fue el único: En Luisiana, una bajada de impuestos total de 1,800 millones de dólares anuales provocó un agujero de 2,000 millones. En Oklahoma, que recortó el impuesto a la extracción de crudo al 1%, las bajadas fueron de 1,000 millones y el déficit, de 1,300 millones. Los mismos problemas se han repetido en Virginia Occidental. Una situación muy grave, teniendo en cuenta que los estados tienen prohibido los déficits presupuestarios: han de cuadrar las cuentas cada año.

¿Cómo salir del hoyo? La primera idea fue reducir el gasto público. En Wisconsin, Kansas u Oklahoma, los nuevos Gobiernos republicanos comenzaron rechazando el dinero que Washington les ofrecía para aumentar la cobertura sanitaria para los más pobres, dentro de la Ley de Sanidad Asequible aprobada por Obama, para ahorrarse el 10% que debían contribuir ellos. A continuación, recortaron partidas como la inversión en educación para menores de 12 años, los sueldos y beneficios laborales de los empleados públicos y otras partidas discrecionales, como infraestructuras.

Pero esas medidas no fueron suficientes. Y antes de admitir su derrota, los políticos decidieron recurrir a todo tipo de trucos de emergencia. Kansas y Oklahoma han vaciado sus fondos de reserva, destinados a compensar caídas de ingresos en medio de una futura recesión, precisamente en una de las épocas de crecimiento económico más extensas de la historia reciente. "El presupuesto de Oklahoma está diseñado para una economía con el barril de petróleo a 100 dólares", en palabras de Jonathan Small, del Consejo de Asuntos Públicos del estado. De repente, los republicanos habían creado una Venezuela al norte de Texas.

Todo lo que baja...

Finalmente, los propios políticos no tuvieron más remedio que rendirse a la evidencia y volver a subir impuestos. Pero no los mismos: en Kansas decidieron subir el IVA, una tasa que -al contrario que las que bajaron- afecta más a los pobres. Luisiana, de hecho, ya tiene el IVA más alto del país, y lleva años con subidas temporales de otros impuestos para cubrir los déficits multimillonarios anuales. En Oklahoma optaron por subir impuestos al tabaco y al alcohol.

La situación, sin embargo, ha dejado a todos esos estados en una situación de crisis permanente, obligados a aprobar presupuestos de emergencia en sesiones especiales, a vida o muerte, cada pocos meses. Y los votantes se lo han hecho saber: en 2016, decenas de diputados y senadores estatales republicanos perdieron sus escaños en Kansas ante demócratas o republicanos moderados, lo que permitió crear una mayoría "pro-impuestos" que revirtió la mayoría de las medidas tomadas por el gobernador Brownback, que incluso intentó vetarlas. El propio Brownback, de hecho, acabó marchándose al cargo de "Embajador en general de los Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional" que le ofreció Trump como bote salvavidas.

Por su parte, en Luisiana, el líder demócrata estatal Jon Bel Edwards ganó las elecciones a gobernador en noviembre de 2015. Y en Oklahoma, los republicanos han ido perdiendo escaños, uno a uno, a manos de los demócratas, a lo largo de 2017: cada vez que uno renunciaba, un candidato demócrata ganaba la elección para reemplazarlo, incluso en circunscripciones en las que Trump había arrasado en 2016.

Siguiente estación: la reforma fiscal de Trump

¿Ocurrirá lo mismo a nivel estatal? Hay una diferencia clave: el Gobierno federal de Estados Unidos sí puede contraer déficit y emitir deuda, por lo que no se verán obligados a hacer los mismos recortes brutales de forma inmediata. Pero la situación ya está empezando a tomar tintes preocupantes: las proyecciones indican que el déficit del país va a subir de un 2-3% del PIB en los últimos años de Obama, a un 4% en 2018 y a más del 5% en 2019. La deuda pública subirá del 76% actual a casi el 90% al final del mandato de Trump, según el Comité por un Presupuesto Federal Responsable, un think-tank.

Al igual que los estados que prefirieron vaciar los fondos de emergencia antes que volver a subir impuestos, Trump ha decidido gastar billones de dólares en un estímulo con la economía en pleno crecimiento, llevando el déficit a los niveles que se podrían esperar durante una recesión. Entonces, ¿qué pasará cuando haya una recesión de verdad? Que habrá que aumentar el déficit a más del 10% o renunciar a la posibilidad de reactivar la economía con aumentos de inversiones o bajadas de impuestos cuando realmente hacen falta. Los economistas deberán esperar a que pronto haya un nuevo presidente demócrata al que los republicanos sí le exijan que reduzca el déficit creado por ellos, como ya ocurrió en los años de Clinton y Obama.

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