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El 'martes negro' mete a la cúpula del Partido Republicano en una profunda crisis

Víctor Ventura - 9:03 - 27/09/2017
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  • La derrota en la reforma sanitaria hunde una de sus grandes promesas

  • La derecha más radical sigue ganando posiciones en el partido

  • Las elecciones parciales muestran grandes avances de los demócratas

El jefe del Senado, Mitch McConnell, anuncia el fracaso de la reforma sanitaria. Foto: Reuters.

La rebelión contra las élites sigue su curso en Estados Unidos, y sus efectos provocaron ayer uno de esos días que todo político teme. En apenas 24 horas, tres golpes distintos han dejado a la cúpula del Partido Republicano sumida en una profunda crisis interna. Una mezcla de derrotas legislativas, derrotas electorales y la marcha de un figura clave deja al partido en una encrucijada: si no logran aprobar la reforma fiscal, se arriesgan a caer en manos de su ala más extremista o ver a sus votantes marcharse decepcionados a la abstención o a la oposición.

Las malas noticias se sucedieron en menos de 12 horas. Por la tarde, tras un almuerzo de trabajo del grupo parlamentario republicano, el líder del Senado, Mitch McConnell, anunció que daba por fracasado su intento de reforma de la Ley de Sanidad Asequible, el 'Obamacare'. Tras siete años prometiendo que presentarían un proyecto sanitario mejor que el de los demócratas en cuanto llegaran al Gobierno, los líderes republicanos se encontraron divididos y sin ningún plan que contentara a los distintos bandos del partido.

Finalmente, a tres días de que venciera el plazo para poder aprobar una reforma legal con una mayoría simple en el Senado -a partir del 1 de octubre necesitarán 60 votos, y solo tienen 52 en la Cámara Alta-, los líderes del partido tiraron la toalla ante la falta de apoyos: tres de sus senadores ya habían anunciado su oposición, lo que hacía matemáticamente imposible alcanzar los 50 votos necesarios. Atrás quedan siete años de promesas y ocho meses de debates, negociaciones, borradores de todo tipo y protestas populares ante diversos proyectos que prometían dejar a decenas de millones de personas sin acceso a la sanidad y que apenas defendían un 20% de la población.

Poco después, un anuncio sorprendió a la dirección del partido. Bob Corker, un senador del grupo moderado y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, anunciaba su retirada tras 12 años en el cargo. Pese a las peticiones del presidente, Donald Trump, y de la cúpula del partido, que le considera una persona clave a la hora de dirigir el Senado, Corker sorprendió al informar de que no se presentaría a la reelección en 2018. Su marcha deja un escaño vacante que los demócratas podrían aprovechar para reducir la exigua mayoría republicana en unas elecciones en las que se espera una fuerte protesta contra Trump.

Las urnas, en contra

Y lo que podría pasar el próximo año quedó claro apenas unas pocas horas después. Este martes se celebraban varias elecciones: unas primarias para escoger al candidato republicano en Alabama que intentará ocupar el asiento que dejó libre en el Senado el fiscal general, Jeff Sessions, y tres elecciones parciales en Florida y New Hampshire para reemplazar a algunos legisladores estatales que habían dejado libres sus cargos en los últimos meses.

Los resultados fueron del todo preocupantes para el 'establishment' republicano. En Alabama, el vencedor de las primarias fue Roy Moore, alias "el Ayatolá de Alabama", un exjuez del Tribunal Supremo del estado que había sido destituido dos veces por desobedecer las órdenes de la Corte Suprema del país. La última vez, por negarse a autorizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Moore, de hecho, pidió ilegalizar las relaciones íntimas entre homosexuales y achacó los atentados del 11-S a la "ira divina" por la legalización del aborto y "la sodomía". Hace unos años también pidió prohibir que el diputado Keith Ellison tomara posesión de su escaño por el simple hecho de ser musulmán. En la campaña, Moore afirmó que "algunas zonas del país estaban bajo control de la Sharía (ley islámica)", aunque reconoció que no era capaz de señalar cuáles, sacó su pistola en público y habló de "los amarillos", por asiáticos, y los "pieles rojas", por nativos americanos.

El perdedor de las primarias fue Luther Strange, exfiscal general de Alabama y senador en funciones tras la marcha de Sessions. Strange contaba con el apoyo de Trump, que hizo campaña por él, y de McConnell, que invirtió 9 millones de dólares de los fondos del partido para apoyarle. Su derrota es una señal de advertencia: las bases del partido cada vez son más radicales, y ni siquiera Trump es capaz de controlarlas. Moore, además, ya perdió dos veces las elecciones a gobernador en un estado tradicionalmente republicano, lo que abre la puerta a que su rival demócrata -Doug Jones, abogado del Estado- pueda vencer en contra de todos los pronósticos apelando a los votantes más moderados.

Las señales son peores en dos estados clave como Florida y New Hampshire, que terminaron casi empatados en las presidenciales de 2016. En las elecciones parciales se jugaban tres escaños controlados por los republicanos, y dos pasaron a manos demócratas. En ambos, los aspirantes demócratas dieron la vuelta a más de 10 puntos de ventaja republicana en las anteriores elecciones. Estas dos se suman a una decena de victorias demócratas en elecciones parciales en los parlamentos estatales de todo el país, un proceso opuesto al que se vivió durante los años de Barack Obama, y que amenaza el control republicano en dos tercios de los 50 estados.

Uno de los mantras entre los líderes del partido es que necesitan aprobar la reforma fiscal para mantener el apoyo de sus votantes. Si no, temen que, el próximo verano, decenas de radicales como Moore venzan a los moderados en las primarias y abran la puerta a dos posibilidades inquietantes: un partido controlado completamente por la ultraderecha religiosa y racista, que no pueda manejar ni el propio Trump, o una dura derrota en las elecciones de noviembre de 2018 en medio de una enorme abstención de los votantes moderados. Las tensiones que dividen al partido son cada vez más fuertes, y este martes negro de fracasos no ha hecho sino aumentarlas.

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