Cómo Trump pasó de ser una "broma" a mirar de cerca a la Casa Blanca

Víctor Ventura - 9:08 - 27/02/2016
1 comentario
  • El magnate puede dejar la carrera republicana sentenciada a mediados de marzo

trump-christie-reuters-635x300.jpgEl excandidato Chris Christie da su apoyo a Donald Trump. Foto: Reuters.

Parece que han pasado mil años, pero hace apenas unos meses los medios, los analistas y sus rivales ignoraban completamente a Donald Trump. El magnate neoyorquino parecía poco más que el "payaso" del grupo, el encargado de lanzar ideas sin sentido, insultar a diestra y siniestra, enfrentarse a los pesos pesados del partido y regalar un sinfín de material a los programas de humor. Cuando llegara el momento de la verdad, cuando las urnas se acercaran, los votantes entrarían en razón, abandonarían su "fase rebelde" y se rendirían a una figura respetable, como Jeb Bush, Scott Walker o Marco Rubio. Pero el momento de la verdad ya ha llegado, y Trump no solo no deja de ganar elecciones, sino que ya cuenta con el respaldo de dos gobernadores en activo, entre ellos su ex-rival Chris Christie. En apenas dos semanas, la nominación puede quedar vista para sentencia.

La realidad es su campaña no es flor de un día, como demuestran sus resultados, que han ido a más desde que empezaron las votaciones -de un 24% en Iowa a un 46% en Nevada tres semanas después-. Trump, pese a ser un novato en política, no es un buscavidas aparecido de la nada, como el neurocirujano Ben Carson, que decida lanzarse a la piscina sin mirar antes si hay agua. El magnate ha aprovechado su gran imagen mediática, como empresario de éxito, para lanzar mensajes políticos en sus intervenciones o desde sus cuentas en redes sociales. En los años 90 ya hablaba sobre la posibilidad de lanzar una campaña presidencial, cuando aún apoyaba a los Clinton y se identificaba más como demócrata conservador que como republicano. Hace cinco años, en 2011, Trump llegó a liderar las encuestas de intención de voto republicanas gracias a su defensa de la teoría de la conspiración que afirma que Barack Obama nació realmente en Kenia y, por lo tanto, no puede ser presidente. La idea tuvo tanto éxito que ya la ha resucitado contra su rival Ted Cruz, nacido en Canadá de padres estadounidenses.

Una prueba patente de la habilidad política de Trump es que ha logrado sobrevivir a meses en los que su hundimiento se pronosticaba de forma diaria, sin que nadie se haya acercado aún a su nivel. En ese tiempo, dos de las tres grandes figuras del aparato del partido ya se han marchado. Humillados por el multimillonario, sin oxígeno ni votos, acabaron tirando la toalla. Walker, gobernador de Wisconsin, abandonó en septiembre pasado. Bush, exgobernador de Florida, hijo y hermano de presidentes, se rindió tras fracasar en Carolina de Sur el 20 de febrero. Y Rubio, la última esperanza oficialista, todavía no ha logrado superar la barrera del 24% de los votos en ningún estado.

Amplio apoyo

Pero la característica que más sorprende a los líderes del partido, horrorizados por su éxito, es que Trump no es un candidato "sectario" que sobreviva con el apoyo de un grupo demográfico en concreto. Al contrario, las encuestas a pie de urna han mostrado que sus votantes son bastante diversos. Es verdad que Trump tiene más votantes hombres, blancos y de mayor edad -lo que no es ningún problema, teniendo en cuenta que ambos son el perfil más común entre las bases del partido republicano-, pero también gana entre las mujeres, los cristianos evangélicos, los moderados, los muy conservadores, todos los grupos de edad e ingresos e, incluso, los latinos republicanos. Un dato sorprendente en un político que ha hecho bandera de su enfrentamiento con México y los inmigrantes hispanos y que compite con dos senadores hijos de cubanos. La clave, quizá, esté en un dato: en Nevada, un 55% de los votantes que participaron en los "caucus" republicanos se declaraban "furiosos" con el aparato del partido y pedían cambiar Washington con un candidato nuevo, que no tuviera experiencia previa. Trump es la figura que aúna ambas características: furia e inexperiencia.

Desde hace meses, el aparato del partido viene esperando que sus rivales se retiren y solo dejen a uno -preferiblemente, Rubio- que aglutine todos los votos "anti Trump". Pero la realidad no es blanco y negro. La mayoría de las bases republicanas siente simpatía por Trump, por lo que no sirve de nada pedir el voto "en contra", y ni Rubio ni Cruz son tan populares como para que los votantes de otros candidatos se unan automáticamente a ellos. La prueba está en que, según una encuesta, los exvotantes de Bush se repartieron en grupos casi iguales entre Rubio, Cruz, Kasich y Trump. El magnate se llevó el menor porcentaje de ellos (11%) frente a Rubio (19%), pero lo que demuestran estos números es que entre las bases republicanas no hay un miedo ni un rechazo a su figura como la hay entre sus líderes.

Lo más preocupante para sus enemigos es que, tras su victoria en Nevada, Trump ha empezado a romper su última frontera: primero, dos diputados pidieron el voto para él. Uno de ellos, el californiano Duncan Hunter, explicó que había más gente que le apoya en el Congreso, pero que, al contrario que los votantes, "tienen miedo a salir del armario". Dicho y hecho, este viernes, apenas unos pocos días después, su amigo y ex-rival Chris Christie, gobernador republicano en la demócrata Nueva Jersey, salió a respaldar su candidatura durante un mítin en Texas. Apenas habían pasado unas horas cuando su homólogo de Maine, el polémico Paul LePage, siguió los pasos de su colega y anunció su apoyo a Trump. Figuras del partido temen que, una vez dada la señal, otras figuras polémicas del partido sigan sus pasos y prefieran reconocer al empresario como favorito en vez de apoyar a Rubio.

"Supermarzo"

Pero el mayor riesgo para los rivales de Trump está, simple y llanamente, en las urnas: el magnate puede dejar casi cerrada la nominación en apenas 14 días, los que van del 1 al 15 de marzo, gracias a las modificaciones al sistema de asignación de delegados que se aprobaron en 2012, tras la larga pelea entre Mitt Romney y Rick Santorum. El partido permitió que más estados entregaran en bloque todos sus delegados al candidato más votado (a nivel estatal o por circunscripciones) en vez de repartirlos de forma proporcional y adelantó su posición en el calendario, para dar una ventaja lo más grande posible a algún candidato cuanto antes y convertir el resto de primarias en una marcha triunfal. Y es muy posible que su idea tenga éxito, justo cuando el aparato del partido preferiría una larga pelea por cada voto hasta el mismo día de la Convención Nacional Republicana, el 18 de julio. La mayor ironía es que los tres estados decisivos serán los de sus tres principales rivales: Texas (Cruz), Ohio (Kasich) y Florida (Rubio).

En Texas, el mayor estado de los 12 que votan el "Supermartes" 1 de marzo, sus 155 delegados se reparten de forma proporcional salvo que algún candidato supere el 50% de los votos, en cuyo caso este se los lleva todos. El senador tejano Cruz contaba con una fuerte victoria que le pusiera al frente de la nominación. Pero Trump ha logrado remontar y ahora solo está por debajo por unos 8 puntos de media en las encuestas, ambos lejos del nivel del 50%. Sea como fuere, un triunfo por la mínima de Cruz le daría apenas un puñado de delegados más de los que recibiría Trump, que neutralizaría una de sus principales amenazas.

En Ohio, que vota el 15 de marzo, hay 66 delegados en juego para el candidato más votado, saque lo que saque. Y las últimas encuestas sitúan a Trump por delante del propio gobernador, Kasich, que se lo ha jugado todo a esa carta. Los buenos números del político local en su estado significan, de paso, que ni Rubio ni Cruz tienen apenas posibilidad alguna de plantar cara. Algo parecido ocurre en Florida con su senador, Rubio. El estado sureño otorga 99 delegados al ganador. Y Trump vuelve a estar a la cabeza en los sondeos, duplicando los números de su joven rival. Una doble victoria supondría 165 delegados de golpe, además de los 79 que tiene ya, a sumar a los 40 que puede sacar en Texas, más los del resto de estados que votan ese día (440 más en juego), la mayoría de los cuales siguen favoreciendo al magnate. Con la meta situada en 1.237, Trump puede asegurarse más de 400 delegados a su nombre tras votar apenas un tercio de los estados, con sus rivales apelotonados en torno al centenar.

Aún queda mucho camino por recorrer, pero Trump es el líder incontestable y lleva meses liderando las encuestas. Con toda la publicidad positiva que acompaña a sus grandes victorias, unos seguidores fieles, dos rivales débiles y empatados y un apoyo procedente de todas las capas y colores del electorado republicano, algo muy grande debería ocurrir en los próximos días para que el empresario no llegue a la convención con la victoria parácticamente asegurada. El tiempo se acaba, y todo sigue saliendo a pedir de Trump.

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Comentarios 1

1
Alberto
28-02-2016 / 13:23
Puntuación 0   A Favor   En Contra

Cuando los estadounidenses estudian el nazismo, repiten que "algo así no podría ocurrir en nuestro país".

Pero hoy no hay que creérselo tanto y darse cuenta de que Trump representa algo muy parecido.

Es una responsabilidad de cada ciudadano: tener cuidado con lo que se quiere y con lo que se elige, porque todas las sociedades son susceptibles de enfermarse.

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