El fin de la tradición del Partido Republicano

Víctor Ventura - 5:59 - 21/02/2016
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  • La marcha de Bush y el fracaso de Santorum rompen una tradición de medio siglo.

jeb-bush-triste-efe-635x300.jpgJeb Bush, en su último debate en Carolina del Sur. Foto: Efe

Las primarias de Carolina del Sur, además de la victoria de Donald Trump, han dejado un detalle mucho más trascendental: la retirada de Jeb Bush, que partía como el favorito antes de la irrupción del magnate neoyorquino hace casi un año y que, tras una campaña desastrosa, llevaba meses en el apartado de "otros" en las encuestas. Su presencia en la carrera era ya una nota a pie de página, pero su marcha supone que, por primera vez en 48 años, la tradición republicana se haya roto. Por una vez desde hace medio siglo será imposible averiguar quién será el candidato ganador solo con mirar a los resultados de cuatro años antes.

Por tradición, la competición la gana "el presidente, el finalista de las primarias anteriores o un Bush", en palabras del segundo clasificado de 2012, Rick Santorum. Pero la racha parece llegar a su fin: no hay ningún presidente republicano buscando la reelección, Santorum se retiró después de Iowa y el Bush que quedaba, Jeb, ha puesto punto y final a su campaña.

La "maldición" republicana comenzó en 1968. Tras perder contra John F. Kennedy en 1960, Richard Nixon volvió a intentar la nominación ocho año después. El segundo clasificado aquel año fue el Gobernador de California, Ronald Reagan. El escándalo Watergate se interpuso en el camino de ambos: obligó a dimitir a Nixon e hizo que Gerald Ford, vicepresidente, le sucediera. Con Ford presentándose a la reelección como presidente en activo, Reagan quedó segundo de nuevo y tuvo que esperar cuatro años más: el demócrata Jimmy Carter ganó a Ford y dejó el asiento libre en su partido.

Enfrentándose de nuevo a unas primarias abiertas, Reagan ganó en 1980. El segundo clasificado, al que premió con la vicepresidencia, fue George H. W. Bush. Y tras las dos legislaturas de Reagan, Bush hizo valer su "turno" y obtuvo la nominación para 1988, por delante del senador Bob Dole.

El mandato de Bush fue uno de los más accidentados desde Nixon, lo que llevó al movimiento conservador a abandonar a su presidente por las subidas de impuestos ordenadas durante esos años. La aparición de un joven Gobernador demócrata sureño, Bill Clinton, y de un empresario independiente, Ross Perot, formaron la derrota del republicano tras una sola legislatura.

En 1996, siguiendo la norma, Bob Dole se alzó con la nominación, aunque no pudo alcanzar la popularidad de Clinton en las generales. Segundo fue el candidato "rebelde" Pat Buchanan, que anunciaba que los americanos se levantarían "con horcas".

Precisamente fue Buchanan el que rompió la línea. El político, considerado como el antecesor directo de Donald Trump, no pudo alzarse con la nominación en el año 2000. Por el contrario, el ganador fue George W. Bush, que había rechazado intentarlo en 1996, cuando era el joven Gobernador del Estado de Texas. De ahí que "un Bush" sea la excepción a la norma.

Pero la excepción acabó ahí: el siguiente clasificado fue el veterano senador John McCain. Y ocho años después, cuando el segundo de los Bush se preparaba para marcharse en medio de un fuerte descrédito político, fue McCain el encargado de plantar cara al también senador Barack Obama.

¿Quién fue el segundo en la carrera por la nominación en 2008? Para conocer la respuesta no hay más que mirar a la siguiente convocatoria: Mitt Romney, exgobernador de Massachussets, tiró la toalla frente a McCain en abril de 2008, sabiendo que la oportunidad le llegaría la siguiente vez, como así fue. Él también tuvo la oportunidad de enfrentarse, y perder, contra Obama en 2012.

Pero una vez más, la racha se acaba aquí. En unas primarias locas, en las que múltiples candidatos se alternaron la primera plaza, el exsenador Santorum acabó siendo el segundo. Por si su figura, demasiado conservadora y religiosa, impidiera su victoria en 2016, Jeb Bush intentó optar por la otra vía. Pero no pudo ser. Bush lideró las encuestas durante meses, hasta que Trump entró en la carrera con el objetivo fundamental de hundir al que fuera exgobernador de Florida, al que calificó de "poco enérgico" y torturó debate tras debate.

Así las cosas, con Bush descartado y Santorum fuera tras apenas recibir apoyo en encuesta alguna y fracasar en Iowa, donde había ganado en 2012, esta vez el candidato será alguien completamente diferente. Si no gana, al menos Trump podrá decir que colaboró en romper la maldición de las primarias republicanas.

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