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Seis grandes cambios desde la crisis financiera

Philippe Waechter - 14:34 - 3/03/2018
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  • El equilibrio político global ya no es cooperativo por naturaleza

  • Compartir valor agregado se ha vuelto más beneficioso para las compañías

(Foto: .alainet.org)

Las economías de los países desarrollados experimentaban un robusto crecimiento en el primer semestre de 2008, a pesar de algunos choques iniciales que aparecieron desde mediados del año anterior. Esto ocurrió hace 10 años, y desde entonces, la dinámica económica global se ha transformado por completo, ya que las fuentes de impulso y los sistemas de ajuste han cambiado, especialmente en los países desarrollados.

Potencialmente, podríamos identificar una serie completa de diferencias, pero me he enfocado en seis cambios, que considero pueden ser útiles para ayudarnos a entender el nuevo orden económico mundial.

1. El intercambio comercial global ya no está creciendo al mismo ritmo

El comercio mundial ha modificado por entero su ritmo desde la crisis del 2008. Antes de esta fecha, fluctuaba muy ampliamente entre una tendencia estimada en 6.8% por año en términos de volumen, generando por tanto una sólida fuente de impulso en cada economía y empujando el crecimiento económico, con una dinámica virtuosa general entre el comercio y la actividad económica.

Pero desde el 2011, el intercambio comercial mundial ha experimentado poca fluctuación y la tendencia ahora marca un 2.3%. El giro clave en el 2011 puede atribuirse a las políticas de austeridad y en particular a programas implementados en Europa. Por lo que el impulso que podría esperarse en todo el resto del mundo ya no está alineado con los datos del pasado. Este cambio es significativo en Europa, ya que el continente solía esperar a que el resto del mundo acelerara el ritmo antes de registrar una mejora propia, y esto explica el retraso sistemático en el ciclo entre EU, que tradicionalmente se recuperaba muy marcadamente después de un impacto negativo, y Europa, que siempre parecía quedar levemente rezagada.

Una tendencia más débil, un crecimiento mundial más lento y también una forma diferente de operar para el comercio global. Los países desarrollados aportan una contribución menos significativa porque despliegan un impulso industrial más débil y esta configuración significa que se deben identificar nuevas fuentes detonar un renovado impulso en la actividad económica.

El ímpetu creado por las start-ups en Francia resulta útil en este respecto si genera un nuevo panorama económico via el desarrollo de nuevas compañías más allá de su primera etapa.

2. El equilibrio global ha cambiado

Si tuviéramos que lograr una comprensión más clara del impulso global y de las razones que ocasionan un intercambio comercial más ralentizado en el mundo, es crucial percatarnos de que, durante la última década, los países desarrollados ya no están aportando una contribución positiva al crecimiento de la actividad industrial en el mundo, que ocupa el epicentro del comercio global, aunque Asia ha asumido este papel notablemente.

La gráfica a continuación demuestra que la producción mundial registró una ganancia de 21% entre 2008 y finales de 2017, pero en EU las ganancias fueron de 3% solamente, comparado con 93% en Asia, excepto Japón.

Este cambio en el impulso de la manufactura sugiere que la fuente del crecimiento económico puede derivar en ganancias en la productividad y por tanto brindar una sólida ventaja competitiva a largo plazo corresponde ahora a Asia, y no a Europa o a EU.

En Francia, esta situación conlleva a un enfoque en sectores que no pueden agotarse. El gobierno francés ya ha definido sus sectores estratégicos, reflejando una actitud defensiva ante un mundo rápidamente cambiante donde nos aferramos a aspectos que parecen vitales a largo plazo.

3. Desaceleración en las ganancias de la productividad

Desde el inicio de la crisis y a pesar de una creciente innovación, estamos presenciando una desaceleración en las ganancias de productividad en los países industrializados, con un claro giro para Francia y todos los países del G7 en la gráfica.

Las economías occidentales ya no pueden generar el superávit que se requiere para compensar ingresos más elevados y también financiar los sistemas de seguridad social. La tendencia a la baja en las horas laborables y el aumento en los ingresos llevó a las economías occidentales a generar un superávit elevado, pero este ya no es el caso. Hoy día es mucho más difícil dar un paso significativo hacia el progreso social, por ejemplo, ¿cómo calculamos la transferencia de la generación más joven y económicamente activa, a la generación en edad de jubilarse para financiar las pensiones, cuando el ingreso de los jóvenes ya no está aumentando tan rápido debido a las menores ganancias en la productividad? ¿Qué incentivos pueden brindarse para alentar a las generaciones más jóvenes a continuar laborando?

El declive en la productividad refleja las consecuencias de la demanda más lenta que resultó de la crisis financiera, por una parte, y del aumento temporal en la productividad que tuvo lugar a finales de los 90s por la otra. Este fenómeno también se conjunta con la notable transformación detonada por la digitalización de la economía, que implica extensos ajustes y adaptación de costos.

El reto está en sugerir que estos primeros dos factores negativos serán solamente temporales y que el impacto de las innovaciones será positivo e incluso podría incrementarse en el largo plazo, aunque no exista visibilidad acerca del periodo de tiempo en que este impulso pueda echar raíz, ya que las economías occidentales se han vuelto cada vez más diversas, particularmente cuando algunas compañías no tienen la misma capacidad – o intención– de digitalizarse. Y por tanto, notamos diferencias muy marcadas entre empresas, incluso entre aquellas dentro del mismo sector, que tardarán mucho en desaparecer. Es esencial tomar todas las medidas posibles para apoyar dichos ajustes, y el gasto público juega un papel clave en este respecto.

4. Compartir valor agregado se ha vuelto más beneficioso para las compañías

Compartir el valor agregado se ha modificado para ventaja de las empresas, particularmente desde la crisis financiera, y la influencia de los salarios en el valor agregado ha disminuido en la mayoría de los países desarrollados.

Esto se refleja y demuestra también un menor poder de negociación entre los empleados y parcialmente explica la falta de inflación salarial. Esta situación se amplifica más por una menor participación sindical.

Una forma de ilustrar bien este punto es el cambio en la definición salarial en EU. Recientemente he notado que la participación de bonos únicos se incrementó en detrimento del aumento salarial, y por tanto evitó el impacto permanente y recurrente del aumento salarial en la estructura de costos de las empresas. Esta falta de aumentos salariales permitió la implementación de políticas monetarias poco convencionales.

Una nueva perspectiva ha surgido entonces acerca de una de las cuestiones del reajuste económico. La incapacidad de impulsar los salarios cuando el desempleo se precipita rápidamente es un nuevo modelo de ajuste que no incluye una fuerte y ágil estricción en el ciclo para regularlo y evita desequilibrios permanentes. Por tanto, la política monetaria ahora puede ser acomodaticia a largo plazo.

En cierto modo, Francia nada a contra corriente a este respecto. Compartir los costos salariales se incrementa cada vez más en años recientes, o en otras palabras, los márgenes corporativos se han estrechado desde 2008. El ajuste macroeconómico después de la caída de Lehman Brothers principalmente ocurrió en detrimento de las empresas.

El Crédito Fiscal al Empleo y la Competitividad de Francia y el Pacto por la Estabilidad sirvieron meramente para llevar a este indicador de nuevo a la zona donde estaba previamente. Esto significa que no deberíamos esperar nada grandioso de estos programas, sino más bien simplemente volver al equilibrio antes de la crisis y las empresas francesas no han ganado ninguna ventaja principal comparadas con otras.

5. La deuda de los hogares sigue siendo alta

La crisis financiera se detonó por el aumento en la deuda de los hogares, especialmente en los créditos hipotecarios. Cuando analizamos la zona del euro, vemos que este tipo de deuda no ha realmente disminuido en los últimos diez años: al observar los datos del Banco de Francia, esta cifra aumentó considerablemente de 73% de ingreso disponible cuando se conformó la zona euro, a 97.8% en 2010, mientras que en el tercer trimestre de 2017, la cifra marcó 93%, ligeramente por debajo del máximo de 2010. Sin embargo, esta cifra no brinda un sólido apalancamiento para la deuda adicional, como fue el caso durante la primera parte de la década de los 2000. Las ganancias en productividad son menores, por lo que no podemos esperar un sólido aumento del ingreso, y esta tendencia podría impulsar un escenario de estancamiento. El perfil del gasto del consumidor continuará por tanto dependiendo de la tendencia en las nóminas, por ejemplo, el número de empleos multiplicado por el salario. Los sueldos no están aumentando mucho, por lo que el impulso al empleo deberá ser crucial, y esta es la justificación que ahora presenciamos en el Reino Unido: hay gran volumen de empleo pero muy mal pagado. Lo anterior no es una buena noticia, especialmente en el Reino Unido donde esta situación todavía permitió a los hogares endeudarse más. Cualquier aumento en el impulse a la demanda interna es casi seguro que será opacado por el continuo nivel de deuda excesivo.

6. El equilibrio político global ya no es cooperativo por naturaleza

Antes de la crisis financiera, el equilibrio político se percibía como moderadamente cooperativo: cada país tenía un papel que jugar en el entorno mundial, y cada uno sabía que debía ganar algo a cambio de dicha cooperación.

El giro reciente en el impulso económico como ya he mencionado con respecto a la producción industrial ha cambiado esta percepción. Los que ganan menos en países desarrollados sentían que los empleados de un país emergente, donde el crecimiento ahora es mucho más robusto que en el mundo desarrollado, estaban por alcanzarlos. La llegada de Donald Trump a la presidencia y el voto a favor del Brexit en el Reino Unido demostraron que un equilibrio diferente al de la situación antes de la crisis era posible. EU se ha convertido en un país impredecible y gradualmente va distanciándose de Europa, mientras que el Reino Unido va en pos de un sueño. Sin embargo, Podemos ver el efecto domino de esta situación, especialmente en Polonia y múltiples países en el centro de Europa. En tanto, China también destaca con su programa "Belt and Road", que apunta a instaurar un marco de referencia comercial y una red para contribuir a sus propios intereses.

Es crucial que esta situación prepare el escenario para que la zona euro y Europa recuperen más influencia en el nuevo orden político, pero como lo afirmó el primer ministro francés Edouard Philippe recientemente, esto incluye coincidir en una estrategia cultural común… pero este tipo de estrategia no puede calificarse de cooperativa.

Hay todo un conjunto de cambios surgidos en la última década. La economía global ya no extrae el mismo ímpetu ya sea del comercio mundial o de la ganancia en la productividad. En tanto, el deterioro en el poder adquisitivo de los salaries ya no deriva en cambios nominales que permiten la implementación de políticas monetarias acomodaticias a largo plazo para compensar dichos cambios. Esto implica que la normalización de la política monetaria sin una mejora implícita en los fundamentales (intercambio comercial y productividad) no será la solución definitiva que marque el retorno a la normalidad. Las Inadecuadas ganancias en productividad son el verdadero problema de las economías occidentales ya que no pueden reclamar ningún margen en el manejo de la economía, y este es el conflicto real que las economías deberán enfrentar. El impulso a la innovación deberá ser una ayuda pero sigue siendo tan solo un importante criterio si no se logran esfuerzos conjuntos reales para emprender esta hazaña.

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