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La sociedad por acciones simplificada

Javier Rodríguez Martínez - 13:30 - 10/11/2017
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  • Análisis del año y medio de vigencia de la SAS

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Foto: Getty

El 14 de marzo de 2016 se publicó en el Diario Oficinal de la Federación de los Estados Unidos Mexicanos el Decreto por el que se modificó la Ley General de Sociedades Mercantiles, con la finalidad de dar cabida en mercado mexicano a un nuevo tipo societario: la sociedad por acciones simplificada ("SAS"). La medida se adoptó —al igual que ocurrió en otros ordenamientos jurídicos, como el español, que en el año 2010 introdujo la figura de la sociedad limitada nueva empresa— con la finalidad de fomentar y simplificar la constitución de pequeñas y medianas empresas como medida de lucha contra la informalidad.

Con la perspectiva que da el año y medio que ha transcurrido desde esta modificación, conviene hacer un repaso de la evolución de esta sociedad.

Una de las principales novedades que supuso la modificación legislativa fue que se permitió la creación de sociedades mercantiles unipersonales. Hasta el momento, la regulación de la Ley General de Sociedades Mercantiles mexicana exigía que las sociedades creadas al amparo de la norma tuvieran, al menos, dos socios o accionistas. Esta norma general se rompió con la creación de la SAS, sociedad que podrá estar constituida por un único accionista.

Otra de las novedades relevantes fue la simplicidad en el proceso de constitución, en virtud del cual no es necesario acudir a un notario público para otorgar la escritura de constitución, ya que el proceso se puede realizar de manera telemática. Únicamente —explicándolo de manera básica— es necesario que el accionista o los accionistas fundadores cuenten con un certificado de firma electrónica y una autorización de denominación otorgada por la Secretaria de Economía. El accionista o los accionistas acuerdan el contenido de los estatutos sociales conforme al modelo que a su disposición pone la Secretaria de Economía, y tras verificar esta que el contrato social cumple con los requisitos establecidos, el propio sistema genera de manera digital la boleta de inscripción de la sociedad en el Registro de Comercio.

Por otro lado, y dado que el tipo social está pensado para pequeñas y medianas empresas, la norma impone que solamente podrán ser consideradas SAS aquellas empresas cuyos ingresos totales anuales no superen los 5 millones de pesos mexicanos (aproximadamente 225,000 dólares), importe que es actualizado anualmente por la Secretaria de Economía (5,165,500 pesos mexicanos para 2017). La consecuencia de rebasar dicho límite supone la necesidad de transformación de la SAS en cualquier otro tipo societario regulado, bajo pena para los accionistas de responder frente a terceros, subsidiaria, solidaria e ilimitadamente, de las deudas sociales.

Sin embargo, a pesar de que por todo lo anteriormente expuesto parecía que la implantación de este tipo societario iba a ser todo un éxito, la perspectiva del tiempo ha descubierto las carencias de la regulación, además de las críticas a la figura, que en algunos casos son fundadas y en otros, no tanto.

La principal crítica ha sido la inseguridad jurídica que supone la creación de la sociedad sin la intervención de un notario público y el hecho de que la simplificación del proceso no es tal. Si bien es cierto que, de acuerdo con la práctica, una sociedad mercantil convencional puede estar constituida ante notario en un periodo de entre cuatro y seis días, el proceso de inscripción en el Registro de Comercio puede demorarse entre quince y cuarenta y cinco días, por lo que parece evidente el beneficio de la rapidez del proceso de constitución de esta sociedad.

A pesar de ello, adicionalmente a la inseguridad jurídica que pueda suponer la creación de la sociedad sin la intervención de fedatario público, se echa en falta en la regulación un desarrollo más amplio del régimen de la unipersonalidad, sobre todo en aquellos casos en que sea sobrevenida, en protección de los intereses de terceros.

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