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La ruptura de la UE no es admisible

Miguel Ángel Bernal Alonso - 23:00 - 10/02/2017 - Actualizado: 02:00 - 11/02/17
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    Una fuerte elevación de las primas de riesgo de la deuda pública de algunos países europeos, especialmente llamativa la de Francia e Italia, demuestra que entre la comunidad inversora ha prendido la preocupación.

    Esta preocupación viene provocada por la posibilidad, peregrina en mi opinión, de que la UE se resquebraje. Por una parte Italia sigue preocupando por su sector bancario y la presencia del populista Beppe Grillo y su Movimiento Cinco Estrellas partidario de la desconexión con la UE. En Francia toca celebrar elecciones y nuevamente el Frente Nacional de Marine Le Pen, abiertamente eurófobo, es uno de los partidos con más intención de votos. Pero no solo hay elecciones en Francia, Alemania y Holanda son otros de los países donde se celebrarán elecciones, allí el arco de partidos euroescépticos también sube en las encuestas.

    No se puede negar que el descontento con la UE arraiga con raíces firmes en los partidos populistas desde la extrema derecha a la izquierda, así como los partidos nuevos que han surgido del descontento. En España dirigentes de Podemos han manifestado más de una vez su disposición a que nuestro país rompa con Europa. Sin embargo la idea de Europa, su unión, su libre movimiento de personas, de mercancías, de capitales, a lo que se suma una divisa única para alguno de los países que lo componen, en la cual aún estamos inmersos, ha significado un importante avance de la calidad de vida y una situación mucho más holgada económicamente. Ese avance ha sido para todos los países, no solo para los periféricos como nuestra nación, sino para todos, incluidos Francia o Alemania. Los problemas económicos actuales no son achacables a la Europa unida. Esos conflictos hay que buscarlos en el envejecimiento de la población europea, la falta de productividad, un viraje en el interés económico hacia Asia, la falta de liderazgo en determinados campos de la innovación tecnológica; precisamente la Unión ha permitido suavizar todos esos desafíos a los que nos enfrentamos.

    Pensemos en España y las consecuencias que tendrían para nosotros la ruptura de la UE. El primer golpe lo sufriríamos en el regreso a la peseta. Es evidente que volveríamos a ser dueños de nuestra política monetaria, recuperaríamos lo que denominamos la soberanía monetaria. Nuestros tipos de interés, nuestra oferta monetaria, los discursos del Banco de España serían autónomos del resto de condiciones de los que son ahora nuestros vecinos y ajustados a nuestras variables macroeconómicas. Pero la ruptura del euro supondría una devaluación de nuestra divisa, al menos de un 40 por ciento, sino es más. No hace falta decir lo que supondría a nivel de inflación, el cáncer económico que más afecta a las clases bajas. Además, esa inflación supondría abrir aún más la brecha de la desigualdad, pues los clases altas tienen una diversificación de sus bienes y sus activos en el extranjero que se verían aupados por la depreciación al volver a nuestra vieja moneda. La inflación estaría garantizada, pues España presenta una carencia de materias primas, de las cuales la más importante es el gas y el petróleo. La devaluación provocaría un alza para nuestros bolsillos por el efecto cambio de divisas, que dispararía la principales fuentes de energía de este momento: crudo, gas y electricidad.

    Ya que estamos con inflación habría que remarcar la dependencia, especialmente en nuevas tecnologías que tiene nuestro país. La falta de inver- sión en tecnología por nuestras empresas, sin apoyos ni incentivos fiscales, nos convierten en dependientes del resto del mundo. El encarecimiento para la adquisición ya fuera para renovación o como nueva inversión en equipos tecnológicos punteros, tendrían también un efecto en la inflación.

    Por cierto, para los populistas españoles que abogan por nuestra salida de la UE, las consecuencias para las personas, para los trabajadores, serían dramáticas. Nuestra población tiene una muy baja formación encaminada al mercado laboral. Nuestros puestos de trabajo son de bajo valor añadido, vamos, manuales de muy baja cualificación, donde además pueden ser sustituidos por gente con menos preparación y que con el actual panorama de contratación haría más precario aún el mercado laboral. España, para competir con el resto de los países, sin tener innovación propia se vería restringido a proveer de mano de obra barata a las multinacionales. España ocuparía el papel que China precisamente no quiere para su pueblo, de ahí el cambio que está llevando a cabo, el de la mano de obra barata y en condiciones de altísima precariedad.

    Habría que preguntarse también qué ocurriría con nuestras deudas, nuestras emisiones de deuda pública y renta fija privada.

    ¿Estarían los propietarios extranjeros a reconocer una conversión de deuda en euros a pesetas? Desde luego a los nacionales se nos impondrían, pero insisto y a los extranjeros. No debemos olvidar que una ruptura de la UE traería una rebaja de calificación de las agencias de rating que nos llevarían al bono basura. Me pregunto quién financiaría, tan solo, las refinanciaciones, ya ni siquiera las nuevas emisiones para captar nuevos recursos.

    Por cierto, en un país sin financiación ni balanza exterior, pregúntense a qué somete a su población. La respuesta es: miseria, pobreza, desigualdad y un retroceso de treinta o cuarenta años en la historia.

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