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La victoria de Donald Trump exhibe las fallas de los medios

Bloomberg - 17:31 - 9/11/2016
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  • No funcionó la publicidad, ni las encuestas, ni las celebridades, ni las estrategias

  • La ironía es demasiado dolorosa: Trump, el candidato mediático se revela contra los medios

Foto: Reuters

*Por Michael Wolff

Los medios se volcaron a la oposición y, así, perdieron la votación al tiempo que emergió una nueva realidad política: no funcionaron las encuestas, ni las celebridades, ni los apoyos mediáticos, ni las estrategias.

Los medios no sólo se equivocaron sobre casi todo lo relativo a esta elección presidencial, sino que se convirtieron en el tema central, o el canal defensor de todos aquellos asuntos contra los que votó el nuevo gran partido de Trump.

La transmutación de las identidades políticas posiblemente ha devenido en dos partes: la de Trump, la gente enojada y antigua, y la de los medios, representando a la presumida gente moderna. Cada anatema incapaz de comprender a la otra. Ciertamente, no hubo un momento en la campaña durante el que los medios no se vieran a sí mismos como virtuosos y, a menudo, como un factor determinante en la competencia. Dado esto, las consignas de "CNN apesta" en los mítines de Trump no debieron sorprender a nadie.

Pero lo hicieron. Los medios tomaron esto como un comentario sobre libertad de prensa en lugar de como su propio fracaso para hacer una lectura del actual paradigma. De hecho, fracasó rotundamente en contar una historia que no fuera la suya.

El editor del New Yorker, David Remnick, tan buen representante de la virtud mediática como cualquier otro, antes de irse a dormir el martes se tomó un momento para escribir unas mil palabras sobre la muerte de la República, en lugar de expresar mucho interés -o un ligero lamento- sobre la enormidad y significado de lo que ocurrió. En verdad, realmente, una nueva voz ha hablado, pero en un tono tan alto y un lenguaje tan oscuro que ninguno de nosotros en los medios logró escucharlo.

Todos los presentadores y comentaristas en los noticieros el martes por la noche experimentaron una visible transformación desde la autosatisfacción y el regocijo de la certeza a la incertidumbre y el desierto. En una situación que sólo tenía dos posibles resultados, nadie fue siquiera capaz de fingir que había contemplado ambos. Así ocurrió con el presentador Brian Williams, quien gracias a su semblante anticuado logró no parecer un tonto sorprendido en vivo en la cadena MSNBC. Cuélguenme a mi del mismo gancho: Me desperté la mañana del miércoles ante una multitud de correos electrónicos de varios analfabetas que durante el año pasado se sintieron compelidos a decirme por qué odiaban a Hillary Clinton y hablar sobre su deseo de elegir a Donald Trump. A cada uno de ellos les dije: "Ni soñarlo". Ahora todos dijeron, y con razón, "te lo dije".

Todo se deslavó. Beyoncé. Las declaraciones de impuestos. El hipotético muro azul. Trump como predador sexual. Putin. Sus caóticos desempeños en los debates. Los hispanos. En efecto, cada aspecto da la narrativa mediática se hizo polvo. Esta narrativa no sólo no lo debilitó, lo fortaleció. Las críticas a Trump definieron a la gente que lo criticó, dándole confiadamente un saco al cual golpear. Era un jugoso objetivo. Los medios no sólo idearon la narrativa para derrotarlo y demandaron cierta lealtad a esa idea -con Twitter como una cámara de resonancia de la ortodoxia- sino que, dejando de lado la mayoría de las reglas ordinarias de conflicto , de acuerdo con el Centro para la Integridad Pública, le dieron grandes cantidades de efectivo a Hillary. Los medios se convirtieron en oposición y, en consecuencia, perdieron la elección.

Fracasaron en entender el poder de las corrientes que apoyaban a Trump -un fracaso en cuanto a inteligencia, experiencia y objetividad, en un despliegue particularmente doloroso la noche del martes en la transmisión en vivo de Buzzfed con su elenco de imbéciles millennials a los que nada les importa en su primera experiencia en una noche electoral, ávidos de controlar a los medios.

También fue un fracaso de la técnica periodística moderna. Fue el día en que los datos murieron. Todo el dinero invertido por una industria mediática financieramente débil en encuestas y análisis de las encuestas no sirvió para nada. Desinformó profundamente. Creó una narrativa persuasiva y poderosa que era lo opuesto a lo que de hecho estaba pasando. Puede que haya algunas instancias, excepto tal vez los regímenes autoritarios, en las que los medios han planteado exitosamente una visión de los hechos no sólo inventada por ellos, sino tan contraria a la realidad. Trump es la prueba: olviden las encuestas, dicen lo que quieren que digas.

Y luego estuvo la destrucción masiva de la que quizás sea la suposición más importante que hacen los medios: que la publicidad importa. Una porción no poco significativa de la rentabilidad de la mayoría de las compañías de medios llega de los muchos miles de millones de dólares que se vuelcan a las televisiones locales cada cuatro años. Clinton se gastó la cantidad usual (comprando, por ejemplo, casi un 80% de los más de 120,000 spots de campaña en Florida durante la elección), Trump sólo gastó una fracción, con lo que redefinió no sólo la forma en la que alguien se postula a la presidencia, sino la relación simbiótica entre los medios y la política.

La ironía es demasiado dolorosa: Trump, el candidato mediático se revela contra los medios. La aplanadora mediática se convirtió para el astuto Trump en su saco de boxeo, mientras que todo el tiempo los medios asumieron que Trump era la aplanadora. Esto le dio su singular, provocativo y personalizado argumento: son los medios, estúpido. Si Trump cumple su promesa de oponerse a la fusión de Time Warner y AT&T, será una señal de que su guerra con los medios -otrora sus más grandes aliados- seguirá adelante.

Tal vez otra estrategia para el futuro de los medios será sólo crear un canal en el que se finja que Hillary y las certezas liberales han ganado, algo similar a la pretención y certeza que nos llevó a donde estamos ahora.

Este artículo fue originalmente publicado por The Hollywood Reporter. Traducción de Gabriela Jiménez.

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