¿Queda magia en el BCE?

Miguel Ángel Bernal Alonso - 18:42 - 18/03/2016
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  • El problema del BCE es que no tiene el apoyo de la política presupuestaria y las reformas de calado

  • La Fed hace bien en no subir tipos, pues su economía no está tan sana como dicen las encuestas

draghi-bce.jpgMario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE).

El área euro lleva desde hace tiempo dando motivos para preocuparse. Muestra falta de músculo para generar actividad económica; ahí están las revisiones a la baja de sus previsiones. La generación de actividad, la dinamización y el aumento de productividad serían el motor que permitiría bajar las tasas de paro altísimas, desempleo que es, no lo olvidemos, el mayor problema para las sociedades que integran la moneda única. Además del crecimiento del PIB, revisado a la baja, están los bajos niveles de precios. La inflación controlada (sobre el dos por ciento) sería una forma de aligerar los problemas que algunos países tienen, el nuestro incluido, de seguridad social o para hacer menos pesada la carga de los niveles de deuda o crédito que tenemos. El BCE es consciente de la situación; llevándola a un nivel extremo podríamos hablar de la japonización del área euro o, si prefieren, del peligro de acercarnos al abismo del estancamiento secular.

Lleva tiempo el BCE, especialmente desde que Mario Draghi asumió la Presidencia, intentando al menos alejarnos de la deflación. Hasta el momento, la política monetaria implementada se ha mostrado baldía: ni aumenta la actividad, ni se disminuye el paro; contando además con que los precios se aproximan prácticamente al no crecimiento. Podríamos ser duros y decir que Super Mario no tiene magia; sin embargo, no es cierto, sería cruel, falso y no respondería a la realidad. El problema del BCE es su soledad; la política monetaria se encuentra sin apoyo de otras medidas como sería la política presupuestaria (ni está ni se la espera), la necesidad por parte de los países de hacer reformas (algunos piensan en dar marcha atrás a las realizadas), así como la implementación de políticas sociales que incentiven la natalidad (el envejecimiento de Europa es una mala noticia económica). El banquero central insiste una y otra vez en romper el aislamiento de las medidas monetarias; desea que sus decisiones se vean acompañadas de otras medidas, algunas de ellas comentadas anteriormente.

Coincidirán en que este mes el BCE ha sorprendido por su contundencia; esta vez sí que ha puesto la carne en el asador, toda la carne. Pone de manifiesto que, a pesar de las críticas, el banco central es muy consciente de que Europa está mal, muy mal, cada vez más cerca del estancamiento secular. El BCE provee más dinero a los bancos europeos para que puedan prestar; baja los tipos para que aumente el gasto disponible de familias y empresas endeudadas y, por supuesto, para hacer menos gravoso pedir crédito; penaliza a los bancos que no presten y beneficia a los que incrementen su actividad crediticia. Sus intenciones son totalmente loables; sin embargo somos muchos los que pensamos que por sí mismas estas medidas son insuficientes.

El problema de Europa es que no aumenta la productividad; la población envejece con lo que aumenta el ahorro y no el gasto; las tasas de paro desincentivan la confianza de los ciudadanos europeos; familias y empresas continúan fuertemente endeudados; los bancos (alemanes, franceses e italianos) no tienen buena salud (de hecho, la banca en general adolece de una falta de demanda de crédito, a los que se suma el endurecimiento de sus necesidades de capital); los emergentes restan potencialidad al crecimiento por la caída de las exportaciones; el problema de los refugiados, además de ser un drama social, es una preocupación enorme sobre la propia coexistencia europea; el Brexit añade más dudas; la caída del petróleo y las materias primas neutralizan los desvelos del BCE. El problema de Europa no es la falta de dinero; no hay más que mirar que los bancos tienen depositados enormes sumas de dinero en el BCE.

Todo lo anterior demuestra que la pólvora de la política monetaria del área euro está mojada y lo está por falta de actividad, de perspectivas. Es esa falta de perspectivas, confianza, lo que moja la pólvora del BCE, lo que hace que sus medidas pasadas sean baldías y previsiblemente que las actuales medidas no cumplan su propósito. Es por eso que el BCE insiste en reformas y nuevas medidas económicas amplias.

Hay que pedir a la Comisión Europea que el plan Juncker (¿se acuerda alguien ya de él?) se ponga en marcha, incluso se aumente. Eran 300.000 millones a movilizar en inversiones en infraestructuras. Hay que exigir a Bruselas que sea consciente de que, sin decisiones presupuestarias de inversiones públicas, difícilmente vamos a salir de donde estamos. Los gobiernos tienen que hacerse responsables de llevar a cabo nuevas reformas; no es posible que ahora se venga con la idea de echar hacia atrás las ya emprendidas. Hay que dar una solución al drama de los refugiados, que además de ser un problemas social es una "patata caliente", económicamente hablando, y podría romper el euro.

Momento diferente es el de la Fed. Bien hace Yellen en no subir tipos, pues la situación económica mundial restará crecimiento a EU, además de poder desencadenar una fuerte tormenta en los países emergentes. Por otra parte su economía no es tan sana como indican las encuestas. Aun así, Europa no está en un momento semejante al americano, sino más próximo a Japón. El BCE ha puesto a disposición de Bruselas su política monetaria, pero si Bruselas no mete medidas para el crecimiento económico, el BCE se quedará sin la magia.

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