La tormenta perfecta de las bolsas mundiales

Miguel Ángel Bernal Alonso - 17:53 - 25/01/2016
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  • Los emergentes deben impulsar reformas y diseñar nuevos modelos económicos

  • El temido estancamiento secular es una posibilidad que puede realizarse

mercados-emergentes-asia.jpgArchivo.

Desde agosto de este año los mercados financieros, especialmente los de renta variable, llevan sumergidos en una dinámica de caída de precios de los activos cotizados en los mismos. La tendencia bajista ha sido todavía mucho más intensa durante los dos últimos meses recientes. Varias preguntas están en la mente de todo el mundo: ¿qué está pasando?; ¿peligra la recuperación económica?; ¿qué se puede hacer?

En cuanto a la primera, conviene señalar que el motivo de los desplomes del precio de las acciones no puede achacarse a un único motivo sino a un cóctel de situaciones y hechos que han desencadenado la tormenta perfecta. El cambio del modelo productivo chino, que pretende basar su crecimiento en un mayor peso de la demanda privada y los servicios, es quizá lo más señalado pero desde luego no es lo único. Ciertamente esta situación ha golpeado a las tres bolsas chinas, donde, además, medidas como suspender la operativa al alcanzar un 7% de caída, han contribuido a amplificar los descensos. Pero no es tan solo ese nuevo rumbo del gigante asiático lo que ha espoleado a los bajistas; el cambio de sesgo de política monetaria americana en diciembre, iniciada con una subida de tipos de interés, es otra de las causas. No es tanto la subida testimonial de un cuarto de punto sino, insisto, el cambio obrado en la misma. Este viraje ha ocasionado la vuelta a EU de importantes volúmenes de dólares que, debido a la expansión monetaria, habían ido hacia países emergentes. Ahora salen de ellos regresando a Norteamérica. Precisamente las dudas sobre la salud de las finanzas públicas de algunos emergentes (Rusia, Brasil, Ecuador, Venezuela, Nigeria, Sudáfrica, Arabia Saudí) son sin duda también un motor de la caída.

Algunos de estos países están ya en una fase de fuerte recesión y no parece que este primer trimestre de 2016 puedan registrar la salida de ella. Las preocupaciones sobre la salud de estas economías viene en muchos casos por la ligazón que tienen con las materia primas, especialmente con el petróleo. La caída del precio de los minerales, y especialmente el desplome del petróleo, no han sido una buena noticia para los mercados financieros. Aun cuando es cierto que la menor factura de hidrocarburos relanza a las economías desarrollados, especialmente las europeas, hunde a las emergentes además de crear una fuerte inestabilidad en las primas de riesgo.

Por otro lado la situación de la banca, que en algunos países como Italia es motivo de preocupación, las fuertes pérdidas de algunos grandes bancos, la posibilidad de nuevas ampliaciones de capital, el difícil contexto de tipos prácticamente nulos, la implementación de nueva regulación en el sector... todo ha servido de carburante para las caídas de precios, más marcadas para las acciones bancarias. Como señalaba al inicio, no es una sino varias las causas de esta tormenta perfecta. En cuanto a la cuestión de la recuperación, y si peligra, conviene referirnos al ámbito doméstico y al contexto internacional.

En el caso español la caída del precio del petróleo y una dinámica de situaciones que parece impulsar nuestra economía, lleva a pensar que, aun cuando se puede ver dañada por su exposición a Iberoamérica, no parece que la actividad vaya a frenarse. En este sentido puede hacer mucho más daño la incierta situación política que el contexto descrito anteriormente. Sin embargo la situación es más preocupante cuando miramos fuera.

Las economías desarrolladas, prácticamente todas, van a ver cómo sus tasas de variación de actividad se ralentizan, aunque el problema es de los emergentes. Pensemos que el peso de estas economías en la actividad global sobrepasa ya el 50 por ciento del PIB mundial. Remarquemos también, de paso que son los países más expuestos al precio del petróleo los que peor lo van a pasar, aun cuando sean desarrollados, véase en este sentido Noruega o Canadá.

He dejado para lo último la cuestión más espinosa, la de las soluciones o medidas a implementar. En primer lugar tenemos el papel de Europa. Draghi esta semana ha animado a los inversores comentando que el BCE puede llevar a cabo nuevos estímulos monetarios pero no basta con esto. Como muy bien ha señalado el gobernador, en Europa son necesarias más reformas y una política fiscal más expansiva. La Fed también puede hacer su contribución manifestando la preocupación por la situación presente y descartando nuevas subidas de tipos de interés, al menos hasta que la inestabilidad desaparezca.

Los emergentes, la espoleta de esta tormenta perfecta, deberían comenzar sin dilación alguna a emprender reformas y diseñar, al igual que lo ha hecho el Gobierno chino, modelos económicos para sus respectivos países menos ligados al precio de las materias primas. China, aun cuando (todo hay que decirlo) demuestra una gran capacidad de reacción, al igual que otro países debería modificar sus mercados bursátiles para que defectos de funcionamiento no amplifiquen las situaciones de miedo y las conviertan en pánico. Por supuesto, los principales organismos y foros económicos mundiales deberían dar respuesta y ser conscientes de que el temible estancamiento secular es una posibilidad que podría materializarse y por tanto impulsar de forma coordinada políticas activas para no caer en él.

Miguel Ángel Bernal Alonso es profesor y coordinador del dpto. de investigación del Instituto de Estudios Bursátiles

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