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El tulipán que nunca floreció: la primera burbuja especulativa de la historia

Silvia Ortiz - 6:39 - 24/03/2017
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  • La especulación con los derechos de los tulipanes llevó a Holanda a la quiebra

  • Un solo tulipán se cambió por una mansión en el centro de Ámsterdam

Foto: Getty

Todos tenemos ganas de que llegue ya la primavera. No la astronómica que entró esta semana, sino la de verdad, la del buen tiempo y las flores. Pero ¿tendría sentido vender una casa para adelantarse a la primavera? ¿O pagar miles de euros por tener algunas flores antes de tiempo? Posiblemente no. Pero si nos encontráramos en los Países Bajos y en el siglo XVII, quizás la respuesta sería otra. Porque entonces, el tulipán llegó a ser un activo tan cotizado que provocó la que se considera como la primera burbuja especulativa de la historia y la quiebra completa de Holanda.

El tulipán llegó a Holanda desde Turquía en el siglo XVI para adornar los jardines del emperador Maximiliano. Los nobles empezaron a coleccionarlos como símbolo de poder y riqueza. Tal y como cuenta Peter Garber en Las famosas primeras burbujas: los fundamentos de las fiebres especulativas del pasado, a principios del siglo XVII los tulipanes eran un símbolo de prestigio entre los más ricos, las mujeres querían llevarlos en sus vestidos, los botánicos querían cultivarlos y los pintores preferían cuidar un tulipán a pintar un cuadro. Por todo esto, la demanda de tulipanes era enorme. Pero este mercado tenía un problema: la flor tarda siete años en madurar. Era demasiado tiempo para la euforia compradora del momento.

Entonces, los comerciantes se dieron cuenta de que podían vender los bulbos que se obtendrían de la próxima cosecha. El comerciante recibía un pago por sus futuros tulipanes y el comprador un derecho (reconocido en un documento escrito) a obtener esos bulbos cuando florecieran. En otras palabras: estamos ante el primer mercado de futuros de la historia. Actualmente, este tipo de mercados sigue existiendo. En ellos, se compra un producto por un precio fijo antes de que este haya sido producido. Es decir, se compra el futuro producto. Una de los rasgos de este mercado es su facilidad para alimentar la especulación. Es decir comprar un producto barato simplemente para venderlo por un precio mayor, no para utilizarlo.

Esto fue lo que pasó a partir del 1620. Comenzó a popularizarse la especulación con los títulos de propiedad de los tulipanes. Según el libro 15+1 crisis de la bolsa de Self Trade Bank, los derechos que se compraban en verano por 50 florines se vendían por 100 en otoño y por 150 en invierno, pero el precio nunca bajaba. Comprar títulos de bulbos para venderlos a los pocos meses y sacar un ingente margen de beneficio parecía un negocio seguro.

Por eso, mucha gente de clase humilde dejó su trabajo, pidió créditos e incluso hipotecó su casa para especular con los bulbos de tulipán. Y cuantos más inversores entraban en el negocio, más subía el precio. Para 1623, un solo derecho de tulipán normal se vendía por 1000 florines, cuando el sueldo de un holandés medio era de 150 florines anuales. Sin embargo el máximo precio del tulipán se alcanzaría en el 1635: un solo bulbo de Semper Augustus (un raro tulipán a rayas blancas y rojas) se cambió por una mansión entera en el centro de Ámsterdam. Quizás esta situación le suene. Quizás le resulte familiar por la subida de precios que hubo durante la burbuja inmobiliaria que provocó la crisis mundial.

Y como esta crisis, el tulipán también tuvo su Lehman Brothers. En 1637 una mala cosecha provocó las primeras tensiones. Surgieron críticos que apuntaban a que los precios del mercado eran desproporcionados. El precio del bulbo empezó a caer, los holandeses sabían que no podrían mantener esos precios más tiempo y todo el mundo quiso dejar el negocio. Según cuenta uno de los mayores investigadores del tema, Charles Mackay, en su libro Delirios multitudinarios: la manía del tulipán y otros mercados enloquecidos, el 5 de febrero de 1637, 99 tulipanes se vendieron por 90.000 florines. El 6 de febrero, medio kilo de tulipanes trató de venderse por 1.250 florines pero nadie los compró. La burbuja acababa de explotar.

El precio de los tulipanes cayó en picado. Aquellas personas que pidieron créditos imposibles y que hipotecaron sus casas o sus negocios para invertir en el tulipán se arruinaron. Los comerciantes que aún conservaban contratos y derechos trataron de hacerlos valer e intentaron cobrar. Pero era imposible. La gente había perdido sus casas y sus trabajos por una flor que ahora no valía nada. Los juzgados se colapsaron por los acreedores, el pueblo se arruinó y, finalmente, la economía holandesa entró en quiebra. Para solucionar esta crisis, los ayuntamientos de las ciudades decidieron perdonar muchas de las deudas que se contrajeron durante esta histeria compradora. Digamos que aplicaron una quita.

A pesar de las consecuencias de esta burbuja especulativa con los tulipanes, los holandeses tropezaron con esta piedra una segunda vez y un siglo después entraron en un una dinámica parecida con 'la fiebre de los jacintos'. Al resto del mundo la lección tampoco le quedó clara y las burbujas especulativas se sucedieron a lo largo de la historia: la de los Mares del Sur, la burbuja de acciones que llevó al Crash del 29, la burbuja 'puntocom' o la especulación inmobiliaria que llevó a la crisis mundial actual son solo algunos ejemplos.

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